miércoles, 14 de octubre de 2015

CASERIO DE ICOR


Arico, Tenerife
Declarado bien de Interés Cultural con categoría de Conjunto Histórico
Extraído del BOC núm. 103 , Jueves, 26 de mayo de 2005






DESCRIPCIÓN
El Caserío de Icor se halla junto a la carretera general, a 330 m de altitud y a 12,2 km de El Lomo de Arico. Pese a ser pocas las viviendas y con un carácter generalizado de austeridad, el conjunto presenta un interés singular, como muestra de una bella arquitectura rural conservada con bastante pureza. Los inmuebles aparecen jalonando el camino que baja en pendiente y a lo largo de él se pueden observar casas de dos plantas o terreras. Estos edificios, cuyo estilo arquitectónico es el tradicional canario, pueden ser de un solo bloque, en forma de "L" para protegerse sobre sí mismos del viento dominante o bien agrupando sus dependencias en torno a un amplio patio. Sus puertas y ventanas se orientan hacia el naciente o el sol del mediodía. Todas se cubren de la brisa del norte dando la espalda a las lluvias y tormentas. Su techumbre cubierta en su exterior por teja árabe, puede ser de una, dos o cuatro aguas, presentando diversas edificaciones enlucido de cal. El piso de madera y el techo terminado en tablas machihembradas o con varillas que tapan las rendijas (o encuentros entre tablas), evitan así que caiga la tierra del tejado.
No todas las casas de labor tienen altillos (granero o tronja), pero en el Caserío de Icor cinco de las seis casas que se datan como las más antiguas tienen tronja, coincidiendo también con aquellas que detentan un cierto prestigio sobre las más sencillas. Se accede desde el exterior a estos altillos por una escalera de toba sin barandas que termina en una rústica balconada con barandal primitivo, de tablas poco elaboradas que se clavan sobre guías vistas. El piso de los graneros está próximo al techo. Las vigas de tirante llegan prácticamente al pecho del labrador que habrá de agacharse para acceder al fondo de la estancia. La viga cumbrera permite que por su altura pueda estarse de pie al centro del granero.
Las más antiguas de las casonas han sido datadas en el siglo XVIII; aunque alguna aparece con ampliaciones y reformas en la carpintería, practicadas en el siguiente. Hoy en día se hallan casi todas deshabitadas, por el progresivo abandono del lugar.

DATOS HISTÓRICO ARTÍSTICOS
Es una zona de tierras a lo largo de la jurisdicción con Fasnia, cuya referencia más antigua remonta a las primeras décadas del siglo XVI, con noticias de una familia guanche allí establecida, posiblemente restos de un anterior poblamiento aborigen, que vivía en cuevas y se dedicaban a la ganadería, hoy en día testimoniado por la presencia de un tagoror.
Hacia 1778 contaba con 5 edificios de dos plantas, ocupados por unas 20 personas, y una casa terrera inhabitable, que sería la más antigua. Esta situación varió poco a lo largo del siglo XIX, que tenía 11 casas, 5 de dos plantas, 3 terreras y 3 más humildes. Por entonces eran unos 36 habitantes. Según el padrón municipal de 1987, la zona presenta un total de 71 habitantes, habiéndose acusado un notorio despoblamiento a partir de 1940.
El Caserío de Icor aparece a mediados del siglo XVI, sin ninguna demarcación y límites señalados, siendo una agrupación de familias destinadas al cultivo del trigo, viña y árboles frutales, y a la ganadería con cabras y ovejas. Los primeros datos existentes se remiten a 1778 en el cual existían 6 casas con una población de 27 personas.
DELIMITACIÓN



Al Norte, desde la cota 370 por el Cerro del Lomo, siguiendo la pista que está al Norte del Barranco de Icor (pista de Vista de Balo) hasta la cota 305. De ahí, parte una línea recta en dirección Suroeste hasta la cota 320 en el lomo que sigue al Barranco Jurado, en la intersección del camino que está en el Lomo del Bote. Desde este punto, subiendo por el Camino de Los Bubangos, se cruza la carretera general por el mismo camino hasta la cota 370. Desde este punto, una línea recta en sentido Este hasta el primer punto citado, que cierra el perímetro. Todo ello, según el plano que a escala 1:5.000 consta en el expediente de su razón.

Nota: Queremos recordar que las imágenes que se incluyen en este blog, no deben considerarse descriptivas de los valores patrimoniales que sirvieron de base para la declaración de los bienes culturales que en el mismo se incluyen, sino que deberán contemplarse como la imagen que cualquier visitante de los mismos pudo haber tenido el día que las mismas fueron tomadas
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Imágenes tomadas en octubre de 2015





























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Extraido de la página DiariodeAvisos.com Los guanches revivirán en Icor
23 de julio de 2011 
VICENTE PÉREZ | ARICO


El histórico caserío de Icor, en las medianías de Arico, es un referente de la arquitectura tradicional canaria, pero sus muros destilan tanta historia como abandono, salvo en algunas viviendas restauradas por sus últimos vecinos sin ayuda pública alguna.
El Ayuntamiento de Arico, con la nueva alcaldesa, Olivia Delgado, al frente, ha dado ya los primeros pasos hacia la ansiada restauración de este lugar, tal como se comprometió durante la campaña electoral. El pasado viernes, durante una visita a este Bien de Interés Cultural (BIC) con historiadores y arquitectos, la regidora municipal anunció la elaboración de un plan especial de protección para este barrio, que incluya un inventario del patrimonio existente y las condiciones para llevar a cabo su restauración.
Una vez en vigor el plan, se negociará con propietarios para que, además de recuperar todo el caserío, algunas viviendas tenga un uso público como ecomuseo, así como acondicionar alguna de las cuevas existentes en el barranco aledaño para recrear el mundo aborigen.
En la visita estuvieron presentes Antonio Tejera, catedrático de Arqueología de la Universidad de La Laguna y Premio Canarias; Agustín Guimerá, investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC); los arquitectos Fernando Beautell y Alejandro Beautell; e Iván González, gestor de patrimonio histórico.
Tejera consideró que “Icor se puede vincular con el territorio arqueológico que lo rodea, y se puede recuperar para que el visitante tenga una perspectiva no sólo de la vida tradicional desde la conquista hasta los años 50 del pasado siglo, sino también con la perspectiva arqueológica que nos retrotraiga al mundo guanche”. El prestigioso arqueólogo se mostró convencido de que “buena parte de Arico se repobló con guanches de otras islas, y prueba de ello es que Diego de Torres y su familia, aborígenes de Gran Canaria, fueron traídos a este municipio”. El catedrático subrayó que “Icor era un núcleo que en su época modulaba todo el territorio, habitado por gentes con cierta posición acomodada, como muestran sus casas de cierta entidad”.
Por su parte, Fernando Beautell (quien acudió con su hijo Alejandro) subrayó el “gran valor valor arquitectónico de Icor” al que definió como “una joya” y sostuvo que su restauración es factible por su “tamaño abarcable, 11 casas, y se puede por ello hacer algo interesante de acuerdo con sus propietarios”. A su juicio, lo importante ahora es redactar un plan especial del BIC “que catalogue sus casas, los elementos etnográficos y cómo debe conservarse el conjunto, porque a los vecinos ahora les causa desconcierto querer hacer cosas y no saber cómo llevarlas a cabo”.
En la misma línea se manifestó Guimerá, quien felicitó a los vecinos que “han tenido paciencia y amor para salvar algunas de las casas en una época en que lo único que se valoraban eran solares para hacer adosados”. A juicio del investigador del CSIC, Icor refleja “el territorio singular que ha creado la lucha del hombre con el paisaje, y además existe un patrimonio intangible que es la memoria colectiva de sus habitantes”. Guimerá apoyó la idea de habilitar un sendero arqueológico que permita reconstruir la vida aborigen en una cueva del barranco, junto al futuro ecomuseo, al tiempo que estimó que en tres años todo este proyecto podría ser ya una realidad.
La alcaldesa explicó que la visita de estos expertos constituye “el punto de partida para redactar un proyecto, pues es la hora de sentarnos a tomar decisiones para salvar este BIC, siempre con los vecinos de auténticos protagonistas, pues necesitamos que sigan viviendo aquí, y al mismo tiempo dar un impulso cultural y económico a Icor y al municipio”. “Pondremos en marcha un plan especial y tocaremos la puerta de todas las instituciones competentes en esta materia para financiar la restauración”, abundó la mandataria ariquera. Delgado evocó que “desde siempre” le habían inquietado que “esta joya arquitectónica” estuviera tan abandonada.

EXTRAIDO DE LA PÁGINA LAOPINION.ES
17 de mayo de 2010
Arquitectura rural canaria en Arico
Icor: El caserío olvidado

TERESA NICOLÁS El caserío de Icor es un conjunto de 11 casas de piedra y teja, de arquitectura tradicional canaria, levantado en el siglo XVIII, que en la actualidad presenta un grave deterioro, a causa del abandono público y privado. Se sitúa sobre un promontorio de terreno a unos 300 metros de altura sobre el nivel del mar, en el municipio de Arico. Flanqueado por el Barranco de Icor, de grandes riscos basálticos, es uno de los lugares más bellos del Sur y también uno de esos sitios en los que parece que el tiempo se ha detenido desde hace mucho y para siempre. Su silencio así lo denota, al igual que el pasolento y la mirada esquiva de un gato negro, viejo, tuerto y escuálido.
Icor es un pueblo mágico, fantasmagórico, pero sobre todo es un pueblo abandonado. Olvidado a la suerte de haber sido declarado Bien de Interés Cultural (BIC) en el año 1984, por la Consejería de Patrimonio Histórico del Gobierno de Canarias a instancias del Cabildo de Tenerife. Esta catalogación significa que cualquier reparación que se haga en el conjunto arquitectónico tradicional debe hacerse respetando lo antiguo. Nada puede ser modificado. Todo debe restaurarse respetándose los cánones y materiales originales. Una situación que ha llevado al conjunto del caserío rural al deterioro más absoluto debido a la falta de ayudas económicas por parte de las administraciones implicadas, que no han ayudado a los propietarios de las casas a conservarlas. Ni el Ayuntamiento de Arico, ni el Cabildo de Tenerife, ni el Gobierno canario han puesto un euro desde 1984 para la conservación de ese entorno que poco a poco se derrumba. Creen que es un problema de los propietarios.
Poco o nada se sabe de las subvenciones públicas que existen para la reparación y conservación del legado histórico, hoy en ruinas.
Por otra parte, el paradero desconocido de algunos de sus propietarios ha dado al traste con la conservación del lugar.
Mientras, en el caserío de Icor no queda casi nadie. Apenas unos pocos habitantes empadronados de los cuales sólo cuatro residen de manera fija en el lugar. Es el caso de Domingo Pérez Marrero, nacido en 1936 en Icor, que después de jubilarse como camionero vive en la casa número 17, de la que dice que fue de su bisabuelo y cuyo interior guarda celosamente.
A la vez, muestra orgulloso el corral de los animales y la reparación del tejado que ha realizado con cargo a su bolsillo, después de que la tormenta Delta lo destrozara. La casa de Domingo Pérez es de las pocas del caserío que está en buen estado.
Junto a la vivienda del ex camionero están las casas número 13 y 15. Una es de su hermana, que vive en Santa Cruz, y otra de sus primos. Los dos inmuebles están siendo restaurados para poder pasar los fines de semana.
En la casa situada en frente a la de Domingo Pérez vive un alemán que apenas se deja ver por la zona.
En la número 7 estaba la antigua venta del caserío, en cuyo interior todavía permanecen restos del pasado, completamente destrozados. Ya no hay nadie. "Sus propietarios se marcharon hace años para Venezuela", comenta Pérez.
Tampoco están en Icor los dueños de la casa número 1, la más cercana a la carretera general del Sur y que es propiedad de la familia Gaspar Pérez Bello. Sus herederos no residen en Arico. Habitada en la actualidad por una mujer y sus dos hijos, el Ayuntamiento tiene intención de comprar la propiedad, "si de una vez por todas se ponen de acuerdo los herederos en vender", explica el alcalde, Eladio Morales.
Sobre las casas número, 3, 5, 7 y el resto, poco hay que contar. Sus piedras caídas son ruinas que ahora sirven de apoyo a la vegetación propia del lugar, y que a modo de imagen ofrecen uno de los rincones más pintorescos para ser plasmados.
"Icor muere cada día un poco más". Esta es una de las deuncias que hace el presidente de la Asociación del Vecinos, Germán Borges. Él y el resto del colectivo constituido para salvar el caserío se sienten impotentes ante la falta de respuesta por parte de las administraciones implicadas. Según Borges, "todas las administraciones ponen trabas a la hora de hacer algo, pero tampoco hacen nada por salvar una de las pocas joyas arquitectónicas que quedan en nuestra tierra".
El Ayuntamiento de Arico propuso hace unos años un Plan de Reforma Interior (Peri) que según el alcalde no se llevó a cabo por no contar con el apoyo de los propietarios de las viviendas.
En la actualidad tiene previsto contratar un proyecto nuevo de reforma interior de esa zona, así como el proyecto de tratamiento integral de ese conjunto histórico, aunque los vecinos resaltan que poco se puede hacer si antes no se aprueba el Plan General de Ordenación, en fase de redacción. Por su parte, el PSC en el Cabildo también ha pedido medidas para salvare esta reserva arquitectónica.

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