MANUEL
GONZALEZ ORTEGA "El Sorondongo" Centro de la Cultura Popular
Canaria, primera edición octubre de 1995 I.S.B.N. 84-7926-192-7
SOBRE LAS
MÚSICAS Y TEXTOS DE LOS SORONDONGOS CANARIOS
a) Gran
Canaria/Lanzarote
En Gran
Canaria el sorondongo debió practicarse, fundamentalmente, en las velas de
parida, aunque también encontramos variantes en algunas canciones infantiles de
la isla. Las informaciones que poseemos permiten acercarnos a versiones, ya
extinguidas en su práctica, procedentes del Sur y del Noroeste de la isla.
Sobre esta última se produjo un proceso de recreación muy curioso, que la ha
convertido en uno de los más representativos géneros folclóricos de otra isla,
Lanzarote. Pero pasemos a consignar las versiones de Agüimes y El Carrizal.
La versión
agüimense se desarrolla en torno a un círculo estático de hombres y mujeres
alternados que sólo cantan y que, además, palmean los tiempos fuertes del
compás. Dentro del ruedo, una chica baila describiendo un círculo sin fin,
pasando por delante de todos los componentes del corro. En el memento en que
éste canta "salga usted", ella se para ante el chico de su
preferencia y le invita con gestos a que se incorpore a danzar con ella. Entra
él en el círculo y bailan juntos hasta que el coro cante nuevamente "salga
usted". Entonces se incorpora la chica al coro estático y es él quien
escoge a otra chica de su preferencia para bailar con ella y así sucesiva y
alternativamente. La danza termina cuando todos han bailado.
De la misma
zona conocemos otro ejemplo con mínimas variantes con respecto al anterior, por
lo que incluimos una segunda parte que hace las veces de estnbillo3.
Ejemplo 1.
a:
El
soromondongo,
morongo del
fraile, para que saque
su amante al baile.
El soromondongo
no lo sabía yo
solo una viejita
que me lo enseñó.
El soromondongo
vino de afuera
porque lo trajo
la majorera.
Y salga usted,
y salga usted,
y salga usted
que la quiero ver
saltar y brincar,
correr y volar.
Recogimos el
segundo ejemplo de labios de las responsables de la antigua Sección Femenina de
Ingenio, Aurora Cruz y M" Luisa Artiles, que aún mantienen un grupo
folclórico y un señero taller de bordados artesanos. Según nuestras
informantes, se bailaba también en las velas de parida, aunque cuando se montó
el grupo de la Sección Femenina en el pueblo con repertorio de la música
tradicional de la zona, se prescindió del sorondongo porque lo consideraban un
tema demasiado simple5. La estructura coreográfica de esta versión es la misma
que la de anteriores ejemplos.
Ejemplo 2:
Estos
palomitos
se están
arrullando, la paja del nido
la están preparando.
Salga usted,
salga usted,
saltar y brincar,
correr y volar.
Ya salió, ya salió,
la madre abadesa
con el solimón·
La que
describimos a continuación forma parte del cancionero infantil de la isla. De
Santa Lucía de Tirajana tenemos noticias sobre su practica como juego de niñas
bajo el nombre de la señorita X. Esta versión nos habla de dos filas
enfrentadas, con una niña a su centro que salta al compás de la música con los
brazos a la cintura y, a la orden de "salga usted", saca a una de las
alineadas para que la acompañe en el centro; a continuaci6n, bailan juntas
intercambiándose las posiciones al enredarse sus brazos derechos hasta que la
ultima en salir deja a la primera en su sitio, volviendo a bailar sola y, a la
nueva orden, sacar a otra. Mientras, sus compañeras tocan las palmas marcando
las partes del compás.
Ejemplo 3:
La señorita
Juana
que tan
creída está, se va a morir de pena
de tanto pensar.
Si piensa en su novio,
su novio la querrá,
la señorita Juana
de pena morirá.
A ella le daremos
una taza de té
y a él le daremos
una taza de café.
Salga usted
que la quiero ver bailar,
saltar y brincar,
dar vueltas al aire.
Como
cristalizó su práctica en la isla de Lanzarote, convirtiéndose en uno de los
géneros más populares entre las agrupaciones folclóricas de la isla, ya ha sido
comentado en diversas publicaciones por investigadores locales7. La primera formación
musical dedicada semiprofesionalmente a interpretar algunos géneros del
folclore lanzaroteño, la 'Ajei', fue fundada poco después de nuestra Guerra
Civil por un grancanario emigrado al pueblo lanzaroteño de San Bartolomé, donde
regentó durante muchos años un molino. José: María
Gil, que así
se Ilamaba este eximio folclorista, tocaba varios instrumentos, entre ellos el
violín. Como motivo de distracción se le ocurrió montar con la 'Ajei' una
antigua canción que recordaba vagamente de la infancia en su Gáldar natal. De
esta guisa explicaba sus recuerdos sobre el sorondongo a la musicóloga canaria
Lola de La Torre:
"Lugar
donde oí el Sorondongo: siendo yo un chiquillo, en una última, en la que se
acostumbraba hacer juegos de prendas con trabalenguas, bailar y cantar. No era
costumbre generalizada cantar dicha canción. Un gracioso lo bailó con una sola
pareja que la remudaba con las otras chicas que estaban sentadas. Le
acompañaban con bandurria, timple y guitarra. Recuerdo solamente dos o tres
estrofas, las otras las compuse yo. Eran estas:
El
sorondongo,
mondongo del
fraile,que salga la niña,
que entre y lo baile.
Estos dos pichones
se están arrullando,
la paja del nido
la están 'ajuntando'.
Mi padre San Diego
de Buenaventura
vino de España
pa Fuerteventura.
Olvidé decir
que esto fue en Gáldar, que allí nací yo y allí pasé mis primeros años. La
música no la olvidé por tener casi las mismas modulaciones que lo que se tocaba
en los intermedios de las 'Misas de Luz' acompañada con el órgano, panderos,
espadas Y castañuelas, en la iglesia de Gáldar...
El
carismático folclorista escribiría algunas letras de sorondongo tan celebradas
como la de los platillos volantes o la de los marineros. La 'Ajei', premiada
con varios e importantes premios promovidos por la Sección Femenina,
aprovecharía un viaje a la Península en los anos cincuenta para grabar algunos
temas de su repertorio entre los que se incluyó el sorondongo,. La influencia
del medio discográfico amplió la popularización de esta versión.
Si el
sorondongo existió, como baile y canción antes de la recreación llevada a cabo
por Gil, es algo que no hemos podido constatar debido a la escasez de estudios
sobre el folclore musical de la isla, aunque sí hemos obtenido alguna versión
del juego infantil; sin embargo sabemos que la estructura coreográfica del
sorondongo que hoy bailan los grupos lanzaroteños fue producto de una
recreación. Como nos recordaba don José María, su versión tenía cierta
semejanza con la música que aún hoy interpretan los ranchos de pascua en
algunos pueblos del Archipiélago, acentuada en este caso por el modo de
interpretación que dan los lanzaroteños a los géneros musicales de su
cancionero tradicional. Quisiéramos llamar la atención sobre este punto, a raíz
de escuchar al rancho de pascua de San Bartolomé. Se interpretan en esta
manifestación musical un ciclo de canciones tradicionales relacionadas con el
corpus de lírica navideña popular de Canarias. Los textos que alli se cantan,
romances religiosos dieciochescos, se pueden dividir en cuanto a sus
respectivas músicas en tres motives; aunque todas pertenecen a la órbita
musical de los ranchos de ánimas y de pascuas canarios, la melodía más usada,
que acompaña al tema El Mesías y otros, tiene mucho que ver con el sorondongo
de Gil. Veamos el motivo que interpretan el coro y los instrumentos cantantes
(en este caso, mandolinas y iaUdes), ya que el solista realiza pequeñas
variaciones que no difieren sustancialmente del esquema melodico central, tan
cercano al sorondongo de Gil.
b) La Palma
Del folclore
infantil palmero sólo hemos podido estudiar un ejemplo procedente del pueblo de
Mazo, teniendo noticia de otras versiones conocidas por los niños palmeros, al
menos hasta los años cincuenta, que también se encuentran presentes en otras
islas. Su desarrollo coreográfico es el mismo que el de nuestro ejemplo nº 3.
Ejemplo
n" 6:
La señorita
Berta
ha entrado
en eI baiIe,que lo baile, que Io baiie, que lo baile,y si no lo baila
medio cuartillo pague,
que lo pague, que lo pague, que lo pague.
Que salga usted,
que la quiero ver bailar,
correr y saltar
y andar por los aires,
por lo bien que lo baila esa moza
dejenla sola, sola en el baile.
c)
Fuerteventura
En
Fuerteventura, la isla del Archipiélago más cercana al continente africano, la
agrupación folclórica 'La Oliva', liderada por el veterano cantador Esteban
Ramírez, graba en 1972 un sorondongo'4 Transcribimos el mismo junto a algunas
consideraciones que realizó nuestro amigo sobre el sorondongo de 'La Oliva' cuando
lo entrevistamos en 1985:
"La
berlina y el sorondongo los vi bailar en un baile de velorios. Tendría yo 17
años. Engañamos, jugando al molinillo, a una pareja de viejos que lo sabía
bailar; se lo pusimos como castigo por perder el juego y aprendimos la música
tarareándola. En los años 50, cuando hicimos la rondalla, la montamos"
El
sorondongo, mondongo del fraile
lo manda el
rey que lo baile.Y salga usted, y salga usted, y salga usted que la quiero ver
saltar y brincar por los aires,
que éste es el sorondongo del fraile.Busque compaña, busque compaña
porque a esta niña le gusta la caña.
Déjela sola, sola bailando,
porque a esta niña le gusta el fandango.
Del mismo
pueblo, hemos recabado el testimonio de otros vecinos que aportaron alguna
novedad a la versión más conocida. A raíz de una recolección de materiales
sobre el folclore majorero que emprendimos hace años, incluimos en las
encuestas realizadas algunas preguntas que contrastaran la información
anterior. Conocíamos otro testimonio publicado años atrás:
"El
sorondongo no era baile de salón; ése es el baile que se bailaba cuando la
mujer daba a luz... Bailes y juegos todos los días, hasta el bautizo. Entonces
se hacía una gran fiesta y se bailaban el sorondongo y los aires de lima"
Las
versiones que hemos recolectado coinciden, aunque con variantes, con la grabada
por La Oliva, aunque esta última se hizo con acompañamiento instrumental (laúd,
bandurria, timple y guitarra), poco común en el baile según las informaciones
que años después obtuvimos. También observamos que en otras zonas de la isla al
género se le conocía bajo el nombre de jeringonsa o jiringonsa, por lo que es
el único lugar de las islas donde hemos podido constatar que se haya conservado
con esta voz. El desarrollo coreográfico era el mismo que hemos reseñado
anteriormente para Gran Canaria, ya sea en la figura de corro como en la de
filas enfrentadas, y su interpretación estaba unida a los juegos de prendas y a
los aires de lima. Como después veremos, los sorondongos de Fuerteventura son,
desde un punto de vista etnomusicológico, uno de los ejemplos más interesantes
del género en Canarias. Veamos otro testimonio de la misma isla, con ligeras
variantes con el transcrito anteriormente.
Vola que
vola, sigan volando
Porque a
esta niña le gusta el fandangoDéjenla sola, sola bailando,
porque a esta niña le gusta el fandango.
Y salga usted que la quiero ver
saltar y brincar por el aire
que esta es la jeringonza del fraile.
También
hemos recogido ejemplos provenientes del cancionero infantil majorero. La que
transcribimos a continuación es una versión que cantaban los niños de La
Antigua y se conocía con el nombre de solita y sola. Este baile de niños
contiene algunas peculiaridades que merecen ser señaladas: iniciándose en
corro, éste se deshace en el verse noveno ("Busque compaña"),
formándose dos filas enfrentadas, mientras la niña que estaba en el centro de
la rueda corretea entre las filas; cuando le toca sacar a una compañera, ambas
bailan con las manos en las caderas y luego vuelve a empezar el baile,
formándose nuevamente un corro en torno a la niña de recambio. Este baile
también se practicaba en la versión más simple de las filas enfrentadas. Vemos
que en su texto aparecen algunas incorporaciones a los versos que ya
conocíamos. La segunda transcripción se cantaba saltando a la soga y, como
veremos, aparece la voz jeringonza, ajena a las versiones infantiles canarias
que hemos logrado reunir.
Ejemplo
n" 9:
Solita y
sola, sola bailando
porque a
esta niña le gusta el fandango,porque la quiero ver bailando
solita y sola, sola bailando
como los erizos en el mar.
Sacar compaña de buena gana,
como los peces debajo el agua
porque la quiero ver bailando...
d) El Hierro
De otra de
nuestras islas, El Hierro, con uno de los cancioneros más antiguos e
interesantes del Archipiélago, ya teníamos noticias sobre el tema que nos ocupa
gracias a un trabajo sobre el folclore musical herreño publicado en 1947 por
Sebastián Jiménez Sánchez22. Incluye el autor una descripción sobre una danza
que en la isla se conoce por el nombre de baile del flaire. Extractamos lo más
interesante:
"Se
baila en reuniones públicas y populares, por parejas sueltas y a golpe de
tambor. Su baile se constriñe a una serie de balanceos, movimientos de brazos,
ligeros giros, etc.
Este es el
baile del Flaire
que lo manda
el rey al padre que salga la dama al baile
que la quiero ver bailar
saltar y brincar, volar por el aire
que la dejen sola y se largue".
Aunque
desgraciadamente no acompaña la descripción de la danza con transcripción de su
música, completa su comentario sobre aquélla añadiendo que era costumbre que se
interpretasen otras coplas a su terminación y que, según el autor, son cantadas
con el siguiente estribillo:
El
sorondongo, mondongo del flaire
manda el rey
que lo baileque lo baile y que lo brinque
y que lo vuele por el aire.
Dos decenios más tarde contaremos con el testimonio de una de
las más significativas voces de la isla. Valentina Hernández, que en 1967 cantó
una tonada del baile del flaire a Lothar Siemens
Este es el
baile del fraile,
que le manda
el rey al padre que saque la niña al baile,
que la quiere ver bailar,
saltar y brincar y volar por el aire
que la deje sola y que se largue.
Aunque
emparentada con otras melodías del cancionero herreño que nada tienen que ver
con los sorondongos de otras islas, es evidente que estamos hablando de la
misma danza. Conocemos otro testimonio recogido por Lorenzo Perera en el pueblo
herreño de El Pinar donde, acompañada de voz y tambor, la canción era interpretada
también por un corro, interviniendo dentro de él una pareja en la que "el
varón dejaba a la mujer sola y ésta sacaba a otro a bailar... bailaban de un
lado a otro" pasando el hombre "de acá pa allá y brincando".
Para el investigador tinerfeño existe cierto paralelismo entre la libertad de
elegir pareja que uno quisiese y una serie de atávicos comportamientos
enmarcados dentro de las actividades relacionadas con el mundo pastoril,
histórica ocupación laboral de los habitantes de la isla; endeble argumento si,
como después veremos, el derrotero de este baile nos lleva a otras tierras que
poco tienen que ver con el pastoreo. De lo que no hay duda es que el baile del
flaire herreño, con esos brincos del hombre hacia la mujer de los que también
nos hablara José María Gil, es una variante mas, al menos en lo que se refiere
a sus textos y baile, de los sorondongos canarios. He aquí, pues, la versión
que recoge Perera:
Éste es el
baile del flaire que le manda el rey al padre que saque la hija al baile, que le
gusta ver bailar, saltar y brincar por el aire, que la dejen sola y se largue.
Las
versiones que hemos podido compilar en esta isla pertenecen al folclore
infantil. En 1944 Cuscoy nos hace Ilegar la letra de una canción titulada La
que ha entrado al baile, ofreciéndonos, además, una detallada explicación sobre
el sencillo desarrollo coreográfico de la misma, que no difiere de la mayor
parte de las aquí estudiadas27. Mª Rosa Alonso, en un comentario a la obra
anterior, recuerda haber cantado en su niñez algunos de esos verses en una
canción que Ilevaba por título La violeta28. Como ninguno de los autores
reseñados se ocupan de la música que acompaña a los textos que nos hacen
Ilegar, hicimos algunas pesquisas. Cuatro de ellas dieron resultado positivo: nuestra
primera informante fue Olga Ramos, carismática cantora de música tradicional
canaria perteneciente a una de las sagas de mayor prestigio en el ambiente
folclórico de las Islas. Olga, que nació y vivió su primerajuventud en La Punta
del Hidalgo, recuerda que entre los juegos infantiles que practicaba con sus
amigas se encontraba la canción recogida por Cuscoy y Alonso. Su música es
idéntica, salve mínimas variantes, a la consignada por nosotros en el ejemplo
n" 6. Su letra, igual a la recogida por Cuscoy y similar a la del ejemplo
reseñado, es esta:
Ejemplo
n" 13
La señorita
X
que ha
entrado en el baile,que lo baile, que lo baile.
Y si no lo baila
le da un cuartillo de agua,
que lo pague, que lo pague.
Que salga usted, que la quiero ver bailar,
saltar, brincar y andar por los aires,
por lo bien que lo baila la moza,
déjenla sola, sola en el baile.
Otras versiones, prácticamente iguales a la anterior,
nos ofrecen indicios sobre la extensión geográfica del género en su vinculación
al cancionero infantil tinerfeño. De las que hemos visto hasta ahora se puede
destacar que las versiones infantiles de la canción estudiada se conservan en
mayor número y con una homogeneización en sus textos, músicas y bailes mayor
que las de los adultos. En todo caso, es evidente que nos encontramos ante un
género prácticamente extinguido, "rescatado" en algunas de sus
versiones a través de recreaciones que los han vuelto a popularizar por otros
canales que poco tienen que ver con la tradición oral que históricamente las
sustentó.
Apuntes
cedidos a sus alumunos por la Escuela Municipal de Etnografía y Folklore del
Excmo. Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife.
Sorondongo
de Fuerteventura.- Los
sorondongos o "jerigonzas", como también se conocen en las Canarias
orientales, estuvieron muy extendidos desde el siglo XVIII en todas las islas,
adonde llegaron procedentes de Andalucía. Actualmente, y salvo en Gran Canaria,
Lanzarote y Fuerteventura, en el resto de las islas perviven incorporados al
cancionero infantil. La danza de tipo "suelto", es muy vibrante,
exigiendo grandes condiciones a los bailarines. Compás ternario.
Sorondongo
de Lanzarote.- D. José
María Gil, músico popular natural de Galdar (Gran Canaria) afincado en
Lanzarote en los años 50, introdujo la música del sorondongo que se
interpretaba en el noroeste de Gran Canaria (la danza se había perdido en esa
zona, aunque se conservaba en otras) a traves de la agrupación lanzaroteña
"Ajei", donde se le incorporó una danza basada en los pasos de las
seguidillas conejeras, por lo que puede considerarse una danza de reciente
implantación, fruto de la recreación. Compás ternario.
Extraido del
CD "herencias", del Grupo Folklorico Añate, producido por el Centro
de la Cultura Popular Canaria, con el patrocinio del Cabildo Insular de
Tenerife y el Gobierno de Canarias - SOCAEM.- CCPC-CD266
Sorondongo
(La Victoria de Acentejo).- Esta pieza viene a presentar un claro ejemplo de
como algunos géneros tradicionales se nutren principalmente del folklore
infantil, concretamente y en este caso, del juego de "La que ha entrado en
el baile" o "La Violeta", más conocido en la zona de Acentejo
como "La Señorita Celia"
La Manera en
que este juego se convirtió en danza de mayores viene a explicarse de la
siguietne forma: Al parecer, en el siglo XVI se extiende por toda la península
un juego que en Asturias va a convertirse en la canción que acompaña a la danza
denominada "La Gerigonsa", pasando a llamarse en Andalucia "La
Gerigonza del Fraile". Fruto de su proximidad con el Zorongo, también andaluz,
pasa a las islas con el nombre de "El Zorondongo del Fraile",
derivando en los términos "sorondongo" en las tres islas orientales y
"El Flaire" en El Hierro, y que parece ser el predecesor de las
diferentes variantes del Sorondongo canario.
Precisamente
del Zorongo, existen restos de coplas canarias, que en unos casos, han llegado
a convertirse en estribillos de isas ( Ay sorongo, sorongo...), y en otros
llegan a formar parte del romancero tradicional, como así presentan las letras
de las versiones majoreras y conejeras del Sorondongo.
Aunque el
sorondongo haya estado siempre identificado con las islas citadas
anteriormente, no se puede negar la existencia de este esquema musical en
Tenerife, y así lo pone de manifiesto esta versión rescatada por "Añate".
De los contactos con algunos viejos de la comarca, se deduce la existnecia de
una pieza llamada "El Sorondongo" de similar estructura y melodía que
el juego infantil antes citado y de la que D. Manuel Pérez Corona (1899-1987),
informaba con detalle.
Se trata de
un baile que no se practicaba desde hacía unos 75 años, en la fecha en la que
fue recogido (1985) y que sólo lo hacían las mujeres (de igual forma que una
versión encontrada en el pueblo de La Oliva, en Fuerteventura), cuando los
bailes iban llegando a su fin. De esta forma, demostraban a los hombres su
capacidad de aguante, mientras, éstos ya daban por acabada la fiesta.
La dinamica
del baile presenta una gran similitud con el resto de las versiones expuestas
anteriormente, ya que se pone de manifiesto la libertad de elegir, en un corro,
la compañera que se quiera para relevar la danza (tal como se ve en "El
Flaire", o en el sentido de la antigua "Gerigonza"). Las
bailadoras deben seguir las indicaciones de los cantadores: saltar, brincar,
dar vueltas por el aire, sacar una dama y dejarla sola en el baile,
estableciéndose así un esquema que permite bailar una mujer en cada estrofa.
Fuimos de
los primeros en darnos cuenta que los sorondongos que aún se conservan en las
islas orientales (con una mayor vitalidad en Lanzarote y Fuerteventura) no son
otra cosa que derivaciones de la célebre jeringonza, danza cantada que ya
figura con este nombre en las Ensaladas, de Mateo Flecha “el Viejo”
(1481-1553). Dos años antes de la publicación del excelente trabajo de Manuel
González Ortega, titulado “El sorondongo: una versión canaria de la jeringonza”
(Revista de Musicología, Vol. XV, núm. 1, Madrid 1993), habíamos escrito en
“Apuntes sobre canción popular” (Cabildo de Gran Canaria, Las Palmas, 1991):
“Señala
Lothar Siemens, este valioso musicólogo que tenemos en las Islas, que “el poder
documentar con un testimonio musical del siglo XVIII una melodía popular
actual, es un rarísimo lujo”.
Se refería
Siemens a una bella melodía pastoril que recogió Luis Cobiella Cuevas en su
isla palmera, y que pertenece nada menos que a Diego Durón, maestro de capilla
de la catedral de Las Palmas. Además de este ejemplo que aporta Siemens como
rarísimo lujo, conviene precisar que existen más casos en el folclore musical
canario, incluso con antecedentes más antiguos. Así tenemos lo que Torner
consideró como “uno de los casos que mayor interés puede ofrecer al
folclorista, pues vemos cómo un tema del siglo XVI persiste en la tradición
actual con un área de extensión que abarca la mayor parte de la geografía
hispana”, escribió el gran musicólogo asturiano en su La canción tradicional
española, Ed. Alberto Martín, Barcelona, 1944.
Tema que no
es otro que la popular y muy divulgada Jerigonza del Fraile, de la que tenemos
en nuestro Archipiélago un buen puñado de versiones, desde los sorondongos
majoreros y conejeros hasta El flaire herreño, pasando por la conocida canción
infantil La Violeta, muy especialmente la que recogió María Rosa Alonso en su
libro sobre Punta del Hidalgo. Nada menos que cuatro siglos nos contemplan cada
vez que escuchamos, cantamos o bailamos aquello de y salga usted / que la
quiero ver / saltar y brincar por el aire / esto es el sorondongo del fraile.
Estos versos
que corresponden al sorondongo majorero parecen un calco de los que aparecen en
“La tía Totana”, una jeringonza que recoge María Dolores de Torres en su
“Cancionero de Jaén” (Instituto de Estudios Jiennenses, 1972). Si a ellos añadimos
los de la cancioncilla infantil “Ha entrado en el baile” (déjala sola / que lo
baile / déjala sola bailando / que a mi niña le gusta el fandango), más el
final del tema de “Mi morena Juana” (bola bolaina / saca compaña), tendremos
casi al completo el sorondongo de Fuerteventura, según la versión conocida de
la Agrupación de La Oliva. Todos sus antecedentes, como hemos dicho, están en
el citado Cancionero jiennense, si bien las jeringonzas andan un poco por todas
partes, como señaló Eduardo M. Torner y tendremos ocasión de comprobar a medida
que nos vayamos introduciendo en tan apasionante cuestión folclórica.
Esta
referencia de jeringonza que nos ofrece Mateo Flecha (incluso anterior a la de
Fuenllana) ya contiene la invitación a bailar y saltar, amén de citar el nombre
con que, posteriormente, quedaría bautizado el género. Veamos los versos:
¡Saltar y bailar / con voces y grita! / Y vos renegar / serpiente maldita. / La
Virgen bendita / os hace baylar / a la girigonza. Es sólo el fragmento de un largo
texto titulado El jubilate, acompañado de la correspondiente partitura.
Posiblemente
canto y danza tuvieron que ver inicialmente con alguna celebración de carácter
religioso. En Andalucía, según Torner, existe una versión llamada La jerigonza
del fraile que se cantaba y bailaba por Navidad, especialmente en Sevilla. No
intervenían niños, sino personas adultas. Si a ello unimos esa alusión a la
Virgen bendita que realiza Flecha, en un poema que lleva un título en
consonancia con la trama desarrollada (El jubilate), no parece descabellada la
apreciación de Torner cuando deduce que el baile pudo haber tenido antigua
relación con ritos religiosos.
Adolfo Osta
recoge en su disco Pare el agoa (Canciones de trovadores, juglares y músicos de
Palacio, Saga KDP-10.907, núm. 13) el fragmento citado de Mateo Flecha, con el
título de Jeringonza. De aquí a los sorondongos canarios media un largo trecho,
que intentaremos analizar en próximas entregas.
Elfidio
Alonso
Esta palabra
tan deformada por unos y otros, que da nombre a un género musical que tiene sus
raíces en el siglo XVI, no cuenta con arraigo en Canarias, tanto en su
modalidad festiva y pícara como en esa vertiente religiosa que ha presumido
Torner cuando repara en los versos que se refieren a la Virgen bendita, según
la ya citada Ensalada de Mateo Flecha. Están más que claras sus variantes y
deformaciones, como lo demuestra la relación que ofrecemos:
En Cataluña:
cariñosa, caringosa y carrigosa. Cáceres: cirigoncia. Sevilla, Granada y León:
Jerigonza. Asturias, Salamanca, Teruel y Logroño: jerigonsa o jerigonza.
Toledo: jeringoncia y laranza. Ciudad Real y Murcia: jeringonza. Cádiz:
jeringoza. Badajoz: jirigoncia. Burgos: peringosa y trepeletré.
En Canarias
el término carece de tradición y no figura en los diccionarios dialectales, tan
profusos y repetitivos. Lo mismo sucede con nuestros más reputados
folcloristas, que no incluyen variantes de jeringonzas ni siquiera dentro de la
temática y moldes del cancionero infantil, aunque Cuscoy, sin utilizar el
nombre o alguna de las deformaciones, recogió una versión en Tenerife (1944),
con el título de La que ha entrado en el baile. También nos hemos referido a la
cancioncilla La violeta, que recogió María Rosa Alonso en Punta del Hidalgo, de
factura muy semejante a la anterior.
A lo largo
de los años –y tal vez de los siglos–, la jeringonza sufrió innumerables
transformaciones, no sólo en lo referente a su nombre, como hemos visto, sino
también en relación con su funcionalidad como baile cantado. Del contenido
religioso que seguramente engendró el entretenimiento infantil, este género
pasaría más tarde a convertirse en un vehículo contestatario en manos de los
bajos fondos y del populacho, como así parece indicar el sentido etimológico
que nos ofrece Corominas sobre tal nombre: jerigonza de jerga. En 1335
significaría “tela gruesa y tosca”, del latín serica (paño de seda). Y en 1734
viene a ser todo lenguaje difícil de comprender, del francés antiguo jargón
(gorjeo de los pájaros). De ahí su aplicación a toda habla incomprensible.
Estas
últimas acepciones son las que recoge actualmente el Diccionario de la Real
Academia: 1) Habla especial y enrevesada, extraña a la lengua común. 2)
Lenguaje difícil de entender. 3) Acción extraña y ridícula.
La línea del
entretenimiento infantil se ha mantenido en Canarias bajo los nombres
indicados, con músicas muy similares a las que se siguen cantando en la
Península. Es posiblemente la más antigua y vigente, también por lo que se
refiere a América Latina, como comprobaremos más adelante. En cuanto a la
puesta en solfa de los valores religiosos, a través de la jerga y de
tergiversaciones maliciosas (matiz que también pertenece a Corominas), la
jeringonza perdería notoriedad a favor del protagonismo que iba a adquirir el
fraile, a partir del siglo XVIII.
En
consecuencia, el nombre primigenio comienza a perder arraigo a favor de títulos
como La tonadilla del fraile, Danza del fraile o El fraile cornudo. En la isla
de El Hierro aún se conserva el denominado baile de El flaire, con esta curiosa
metátesis en su nombre. No es otra cosa que una variante de La violeta, como ya
observó María Rosa Alonso en el análisis realizado sobre la versión recogida
por Sebastián Jiménez Sánchez en la isla del Garoé.
No faltan
ejemplos en los que se funden los dos nombres, como sucede en Sevilla con la
citada Jerigonza del fraile, cantada por Navidad entre personas adultas, como
ha señalado Torner en su intento de profundizar en el ascendente religioso del
género, si bien la funcionalidad del baile cantado se presenta muy diversa y
variopinta, desde su implantación en faenas agrícolas como la vendimia (típica
en las zonas vinícolas de La Mancha, como Tomelloso, Valdepeñas y Alcázar de
San Juan), hasta la costumbre de convertirse en rito durante las matazones de
cochino.
No hay
matanza sin mondongo. Estamos, por tanto, en la antesala de los sorondongos
canarios. O del soromondongo, si ustedes prefieren.
Antes que
nada conviene decir que, si bien en Canarias parece extraño el nombre de
jeringonza (o cualquiera de los derivados y deformaciones que hemos citado), el
término sorondongo es peculiar y privativo de nuestras Islas, aunque no
aparezcan claras su etimología y procedencia. Es cierto que en América Latina
se han formado voces como sirindongo, que cita Juan Liscano en relación con una
danza venezolana que lleva este nombre: “En Venezuela abundan las designaciones
de danzas con fonética parecida a las enumeradas por Carpentier con respecto a
Cuba. Varios nombres pueden usarse para una misma danza o un aire determinado
(...): Zambe, Serendengue o Sirindongo”, nos dice en su importante estudio
Fuegos sagrados (Caracas, Monte Avila editores, 1990).
En
consecuencia, lo más fácil sería atribuirle al término una procedencia
afronegroide, llegado a Canarias de la mano de nuestros emigrantes, si no fuese
que hasta el propio Fernando Ortiz pone en duda semejante hipótesis, diciendo:
“Mondongo es originariamente un andalucismo, pero permítasenos el atrevimiento:
bien pudiera derivarse del África, del lenguaje de los esclavos negros tan
extendidos por Andalucía aún antes del descubrimiento de América. El hechizo
ndongo reside siempre en el estómago de las personas hechizadas, y todas las
enfermedades del estómago se atribuyen al ndongo”.
No está
claro, por tanto, que el nombre haya entrado en las Islas de forma directa
desde Cuba o Venezuela, ya que en las mismas Ensaladas de Mateo Flecha (de
donde derivan las jeringonzas, como ya hemos visto) podemos encontrar, en pleno
siglo XVI e incluso antes del descubrimiento de América, palabras y alocuciones
de clara procedencia negroide, como sucede en la titulada La negrina, que
contiene términos dignos de Nicolás Guillén: "San Sabeya/gugurumbé,
alangandanga / gugurumbé, gurumbé”...
Por cierto:
nuestro querido amigo Manuel González Ortega, autor de un magnífico estudio
sobre jeringonzas y sorondongos, incurre en el error de atribuirle mayor
antigüedad a la versión musical de Fuenllana (incluida en su famosa Orphénica
lyra, Sevilla, 1554) que a la de Mateo Flecha, cuando, en realidad, ésta es
anterior y le sirvió a Fuenllana de modelo, como las otras dos ensaladas que
adaptó para vihuela. Según Romeu, Flecha escribe su obra en un período
aproximado de diez años (1534-35-1543), mientras que la recreación de Fuenllana
es bastante posterior.
Como se
sabe, las ensaladas fueron canciones que nacieron para satisfacer los gustos de
la nobleza, entre ellos los de Felipe II y las infantas. De ahí que Fuenllana,
como señala Higinio Anglés, adaptase tres de ellas para vihuela, a pesar de sus
grandes dimensiones. Otro buen ejemplo para refrendar que lo folclórico fue
primero aristocrático, como ha venido manteniendo Carlos Vega. De ahí que
posteriormente las ensaladas, que fueron en esta época todo un cajón de sastre
para mezclar rimas y metros de variada índole, amén de fragmentos
pertenecientes a conocidos poemas, acabaran por convertirse en un arma crítica
y desvergonzada en manos del populacho, cada vez que se pretendía poner en
solfa a la religión (de ahí las numerosas alusiones al fraile cornudo) y a las
clases poderosas.
El mondongo,
como ya habíamos anunciado, está estrechamente conectado con la matazón del
cochino. Es el ascendente que más nos parece relacionado con el nombre que se
da en Canarias a este baile cantado, sobre todo en las Islas de Gran Canaria,
Lanzarote y Fuerteventura. Más problemático nos resulta emparentarlo con
sirindango que, según Ortiz, es el nombre de un pájaro que vuela sin rumbo fijo
y que no se posa. De ahí la frase de “andar como pájaro sirindango”.
Si ndongo es
el causante de las enfermedades del estómago, y mondongo es el natural de una
cierta región del Congo, según J.M. de la Torre, poco importa que el DRAE
mantenga la acepción de “intestino y panza de las reses, especialmente los del
cerdo”, porque los significados parecen idénticos. La teoría de Fernando Ortiz
sobre el origen africano del término no nos parece un atrevimiento, sino toda
una posibilidad que nadie puede atreverse a descartar.
No va a
resultar fácil precisar por qué las jeringonzas en Canarias reciben el nombre
de sorondongos, a menos que demos por descontado que el término adoptado en las
Islas es una transculturación americana. Es decir: de la misma forma que la
palabra jeringonza (o alguna de sus derivaciones) no figura en ningún compendio
del léxico canario, el nombre de sorondongo también resulta desconocido para
los peninsulares, como ya hemos constatado.
En los
Diccionarios que recogen las formas dialectales del habla canaria no está clara
la etimología del término sorondongo, ni menos aparece una posible procedencia
a la hora de justificar la llegada del término a las Islas. Los autores
especialistas se limitan a decir lo de “una variante de isa típica de San
Bartolomé de Lanzarote” (O’Shanahan), o bien no pasan de un impreciso intento
para definir este baile cantado como “típico de las islas de Lanzarote y Gran
Canaria, que consiste en una serie de cuartetas, alternando un estribillo que
comienza por la palabra sorondongo, al tiempo que los danzantes, en parejas
sueltas, dan giros y saltos airosamente” (Marcial Morera).
También este
último autor recoge el portuguesismo mondonguero como sinónimo de persona que
se ocupa de oficios inmundos, pasando por alto el uso corriente de mondongo en
el habla canaria, y también en ese citado estribillo repetitivo: “El
sorondongo/mondongo del fraile”...
Tenga o no
razón Fernando Ortiz, cuando presume una ascendencia afronegroide en la
formación del término (ndongo es palabra que llevaron los esclavos negros a la
Península, aún antes del descubrimiento de América), o bien en su acepción
actual como andalucismo, mondongo ha tenido forzosamente que vincularse a la
cancioncilla de la jeringonza peninsular en virtud de un acto posterior de
adaptación. Es en este punto donde surge la gran duda: ¿llegó directamente
desde la Península» ¿O fue añadido en las Islas bajo influencia americana o tal
vez africana»
Vamos por
partes, porque ambas posibilidades pudieron hasta coincidir y darse de manera
simultánea. En primer lugar, es un hecho demostrado que la jeringonza era baile
y canto obligado en las matazones de cochino, de la misma forma que, en un
principio, pudo tener conexiones con otras festividades religiosas y profanas,
como hemos visto en entregas anteriores. Así nos dice Agapito Marazuela, el
gran folclorista segoviano, que la jeringonza “es canto y baile de matanza”. Y
nos ofrece en su Cancionero de Castilla (Diputación de Madrid, 1981) una
versión recogida en Valverde del Majano, que ya refleja los vituperios contra
el fraile y las alusiones a la matanza del cerdo. Veamos los versos:
“Anda fraile
cornudo / cornudo fraile / que desnudo, desnudo / sale a la calle. / Que lo
quiero ver / correr, saltar /y brincar por el aire / contrimás chicharrones /
más pringue sale”.
Cabe
imaginar que si en estos versos se alude a los chicharrones, en otras letrillas
bien pudo haber referencias al mondongo, máxime si la nueva funcionalidad de
las jeringonzas era protagonizar, con canto y baile, las matazones de cochino,
en las que el mondongo llegaba a adquirir un papel relevante, si pensamos en el
proceso para secar las tripas y hacer las morcillas y los chorizos. Recordemos
la versión canaria a través de los estribillos majoreros y conejeros: “El
sorondongo / mondongo del fraile / que salga la niña / que entre y lo baile”.
Sin embargo,
parece que no todas las jeringonzas peninsulares llegaron a adquirir esa
funcionalidad como baile y canto amenizadores de las matanzas de cochino. Ya
hemos visto cómo en Sevilla se mantiene el género musical en relación con la
Navidad. Y lo mismo sucede en amplias zonas andaluzas, como nos cuenta José
Manuel Fraile al comentar las dos versiones de jeringonzas recogidas en Jerez
(“La tradición musical en España”, vol. 10, SAGA WKPD 10-2024). Dos versiones
que respetan el modelo infantil de La Violeta, y que analizaremos en el
siguiente capítulo.
Artículo
aparecido en el periódico La Opinión de Tenerife, el sábado 27 de octubre de
2001, en la columna titulada Ten con Ten, escrita por D. Elfidio Alonso.
Saltar
y brincar por los aires
Esta es la parte
más antigua de la jeringonza de Mateo Flecha, cuya partitura original
acompañamos, tomada de Las ensaladas transcritas por Higinio Anglés (Diputaci6n
provincial de Barcelona, Biblioteca Central, 1955). En el transcurso de mas de
cuatro siglos, este género de baile y canto ha sufrido innumerables
transformaciones, desde un posible origen religioso, ya estudiado por Torner,
hasta la más variada funcionalidad, siendo regocijo en las faenas de vendimia,
como ocurre en tierras manchegas, o bien entretenimiento en las matazones de
cochino (Valverde del Majano, Segovia).
Ha sido también un
entretenimiento infantil que ha llegado intacto a nuestros días, tanto en la
parte cantada come en su elemental coreografía, que es la simple consecuencia
de invitar y sacar a bailar a la persona citada por su nombre. Una vez cumplido
el primer ritual, la rueda continúa con la despedida de la persona que "entró
en el baile" y la intervención de un nuevo bailarín o bailarina. Y así
sucesivamente hasta el final.
Pero no es sólo un
juego o baile para niños, sino que también los adultos han venido
practicándolo, come bien destaca José Manuel Fraile a propósito de las dos
versiones de jeringonzas recogidas en Jerez de la Frontera: "En este baile
participan todos: los viejos que, condensada ya la sal de sus muchos años,
apenas insinuaban los movimientos; los niños que, con la vida saltando en sus
pies descalzos, empezaban así a aprender sin saberlo; y, por sobre todo, los
mozos y mozas que galleaban la vehemencia del impulse amoroso". Añade este
autor que siempre se repiten las mismas frases de invitación para hombre o
mujer, cada vez que entran en el baile.
Por mucho que haya
cambiado su denominación y funcionalidad, la jeringonza ha logrado mantener la
mecánica del juego, como bien lo demuestran las especies que se conservan en la
Península, en Canarias y en América Latina. En nuestras Islas, por ejemplo, se
podrá llamar sorondongo o Flaire (Hierro); pero no falta en ninguna versión,
por deformada que fuere, la inevitable alusión al baile y a saltar y brincar,
come es fácil comprobar a través de los versos de las cancioncillas
respectivas. Y esto viene directamente del modelo original, que no es otro que
la jeringonza de Mateo Flecha.
Por lo que se
refiere a América, está documentada su presencia en Chile, desde 1880, aunque
se presuma una mayor antigüedad, como ha escrito Osvaldo Jaque Figueroa. Ha
conservado su nombre primitivo de jeringonza, come ha sucedido en la Península,
lo mismo que su sencilla coreografía: danza de pareja sola, en medio de una
rueda que gira. Se canta sin acompañamiento, excepto con el batir de palmas. De
ella emanan géneros infantiles come La niña Maria y Al príncipe del baile. La
melodía se canta en modo mayor y en compás 6 por 8.
Salta a la vista
que esta coreografía chilena, lo mismo que la versión uruguaya, difiere muy
poco de la que se sigue practicando en nuestro país, tanto en la Península como
en las Islas: corro de mozos y mozas que dan palmadas al son de la música o del
canto, mientras una persona, o una pareja, ejecutan en el centro del corro lo
que el texto cantado va narrando. Ritmo ternario, tonalidad mayor, aunque
existan variantes y versiones binarias, mixtas e incluso en tono menor o
bitonal, come ha escrito Emilio Rey.
Come se ve no
existe un solo modelo musical para abarcar todas la especies de jeringonzas,
como ya nos dio a entender Bonifacio Gil en su magnifico estudio La jeringonza
en la actual tradición, en el que recoge nada menos que 34 versiones literarias
y musicales. Esa misma variedad se produce en Canarias, donde textos y música
difieren sustancialmente, come veremos en el próximo y último capitulo de esta
serie dedicada a uno de los géneros folclóricos más antiguos que se conservan
en nuestras Islas.
El Texto se
acompaña de una imagen de la partitura original de la jerigonza de Mateo
Flecha.
Si la voz
jeringonza ha desaparecido en los diccionarios que, últimamente, han tratado de
recoger el léxico canario, esta palabra no nos ha sido desconocida en otros
tiempos, como lo prueba su presencia en la Colección de voces y frases
provinciales de Canarias, del palmero Sebastián de Lugo. Como es sabido, esta
obra que viene a ser el más antiguo de los vocabularios dialectales canarios,
fue gestada antes de 1846, según nos dice José Pérez Vidal en el prólogo de la
edición de 1946 (Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de La
Laguna).
El autor se
refiere al vocablo en los siguientes términos: Jeringonze, s.m. Jesto. “Me haze
jeringonzes=Me haze jestos”.
No se trata,
por tanto, de una definición del género musical que lleva tal nombre, sino del
reflejo en Canarias de una de las acepciones del DRAE, como da a entender Pérez
Vidal en su nota aclaratoria: “Acción extraña y ridícula. Jerga, argot,
lenguaje corrompido”. Es, como ya hemos visto, la hipótesis más generalizada
sobre su etimología. Y la que mejor explica que una modalidad de baile cantado,
cultivado por el populacho con intenciones críticas y fustigadoras (contra los
frailes y el clero en buena parte), haya sido bautizada con tal nombre.
Pérez Vidal
no encuentra la antigüedad del vocablo en Las Ensaladas, de Mateo Flecha, sino
que ofrece un testimonio muy posterior a la fecha en que fue gestada aquella
obra, aludiendo al manuscrito 19.387 de la Biblioteca Nacional, que contiene un
romance anónimo que data de 1598, contra la sátira de Rosas de Oquendo (Perú).
La parte que alude a la jeringonza dice así: “Porque si mis pensamientos / su
vuelo altivo no abaten / han de ser pueblos de Francia/o xerigonzes lenguaje”.
Parece claro
que la jeringonza llegó a Canarias como parte del cancionero infantil antiguo,
compuesto por más de cien melodías a una sola voz, que representan arrullos o
nanas, rondas, romances, villancicos y demás juegos y entretenimientos, que hoy
siguen perdurando bajo distintas formas y nombres en América Latina, como nos
dice el reputado folclorista uruguayo Lauro Ayestarán: “Algunas de ellas como
el Mambrú se incorporaron en el siglo XVIII; otras como “Se va, se va la
lancha” en el XIX; pero la mayor parte data de épocas anteriores como “Yo la
quiero ver bailar”, que es el baile español de “La Gerigonza” del siglo XVI”.
Otra cosa es
que, posteriormente, se produjese en nuestras islas un cambio de nombre,
coincidiendo con una nueva funcionalidad que pasaría a desempeñar este baile o
divertimento (en las matazones de cochino, por ejemplo, como también sucedió en
otros lugares de la Península). De ahí lo del mondongo del fraile, que da
nombre a nuestros sorondongos. Porque lo de saltar y bailar por los aires
–clave en todas las jeringonzas– se sigue manteniendo a pesar de la metamorfosis
sufrida por el modelo primitivo.
Así ocurre
en todas las variantes actuales que se mantienen en las Islas, amén de notables
coincidencias en lo que se refiere a la música, con partes fijas que parecen
calcadas de otros modelos peninsulares y americanos. Compárese, por ejemplo, la
variante que recoge Torner con el número 45 (Lírica popular asturiana, páginas
18 y 19) y el denominado Sorondongo de Fuerteventura, que es el modelo que
mayor interés folclórico encierra de todos cuantos perviven en el Archipiélago.
Del otro
sorondongo conejero no es posible dar un dictamen de parecido corte, porque
José María Gil, su principal divulgador, no ha ocultado la fórmula de que se
valió para perfilar un género sobre recuerdos de la infancia (música) y versos
de la propia cosecha, como así confesó a Lola de la Torre (véase el citado
trabajo de Manuel González Ortega). Aunque tenga muy poco de la jeringonza
primitiva (sólo el estribillo alude al fraile y a la entrada en el baile de la
niña), don José María tuvo el indiscutible mérito de poner en circulación una
modalidad de sorondongo que ha llegado a ser el más conocido y divulgado de
todos, con más de una docena de versiones recogidas en el disco.
Una vez más
se pone de manifiesto que nada hay puro en el folclore, al ciento por ciento.
El paso del tiempo, con la consecuente evolución, va tallando las llamadas
supervivencias inmediatas, como supo ver con extraordinaria agudeza el maestro
Carlos Vega.

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