Tiene incoado expediente para la declaración como Bien de Interés Cultural, con categoría de Conocimiento y Actividad Tradicional de Ámbito Local
La incoación está publicada en el BOC Nº 223. Jueves 6 de Noviembre de 2008
Artículo aparecido en el periódico El Día,(Tenerife)
el 19 de octubre de 2008
Tacoronte,
la cuna del turrón
Tacoronte
se ha convertido en el único municipio tinerfeño que conserva el turrón
tradicional, que elaboran ocho familias con varias generaciones dedicadas a una
actividad que será reconocida en breve con la declaración de Bien de Interés
Cultural del Cabildo.
Á. MORALES, Tacoronte
Quién no las ha visto en alguna fiesta de barrio o
patronal despachando en sus peculiares puestos. Qué canario o visitante que
haya estado tiempo en las Islas no ha probado esas delicias que sólo tienen el
obstáculo inicial de una cinta de cartón. Y esas almendras garrapiñadas, ese
chocolate o ese coco apetitoso. La tradición del turrón en Tenerife tiene un
nombre y un lugar. Tras desaparecer este oficio tradicional de zonas como Santa
Cruz e Icod de los Vinos, Tacoronte se ha convertido desde hace décadas en
referente de una actividad gastronómica e industrial a pequeña escala que, por
fin, recibirá un más que merecido reconocimiento. El Cabildo insular ha
decidido incoar expediente de declaración de Bien de Interés Cultural (BIC)
para las turroneras tacoronteras, varias generaciones de unos artesanos
culinarios que han convertido unas golosinas casi en mito.
Esta tradición se ha mantenido en Canarias sin casi
modificaciones desde, al menos, mediados del siglo XIX, si bien algunos
productos nuevos han ido arraigándose y extendiéndose entre las familias
turroneras (como el turrón de yema). Según resalta el Cabildo, la declaración
BIC trata no sólo de tributar un homenaje a las mujeres y hombres que han
mantenido viva esta manifestación de la cultura popular isleña, sino contribuir
en lo posible a su salvaguarda, conservando, por ejemplo, sus típicas formas de
empaquetado y etiquetado, así como los métodos, instrumentos e ingredientes
para su elaboración, aunque sin despreciar los aportes de las nuevas técnicas y
tecnologías.
La familia de Maribel López sirve de inmejorable botón
de muestra de esta tradición tan dulce. Nada menos que cinco generaciones,
desde su abuela a sus nietos, han hecho las delicias de infinidad de clientes,
a los que les están enormemente agradecidos por su fidelidad, algunos de más de
50 años. En su casa del número 5 de la calle Waque, en la muy tacorontera zona
de El Cantillo, Maribel, su marido, sus hijas, cuñados y nietos, no sólo
elaboran esos turrones, chocolates, almendrados y dulces de cocos que ponen la
nota golosa en las fiestas y ferias locales, sino que, además, lo hacen de una
forma única en Canarias: con un horno de leña.
En este caso, la tradición se mezcla por partida
doble, ya que se trata de la unión de dos familias turroneras: los López y los
Ramos. La madre de Maribel, Josefa, acentuó una costumbre que, con el tiempo,
ha arraigado tanto que tienen mucha más demanda que oferta, lo que deja claro
el éxito de su cocina. La Autoridad Portuaria, la Caja de Canarias, la Casa del
Vino y hasta compradores por internet son algunos de sus clientes fijos, aparte
de participar desde hace tres años en Fitur junto al ayuntamiento y Cabildo, a
los que también les están agradecidos. Las hijas de Maribel (Carmen, Pilar,
Teresa...) incluso han desarrollado por los colegios e institutos de la Isla un
interesante programa de difusión del turrón con el loable fin de que los niños
no pierdan la tradición, conozcan este oficio ancestral y no aprecien sólo las
golosinas de fuera. Eso sí, con el mensaje de comerlas con moderación, como
cualquier dulce, si bien éstas no tienen ni conservantes ni colorantes.
Se trata de una familia tan inseparable del turrón que
fue Pilar la que, en 2004, propició la declaración BIC que ahora se ha
confirmado tras proponérselo al presidente insular. Además, el prestigioso
profesor de Literatura en la Universidad de la Laguna y director del Festival
del Cuento de Los Silos Ernesto Rodríguez Abad le dedicó un cuento a Maribel,
"la pastelera del cielo".
Muchos más casos
Pero la raigambre del turrón nos deja otras muchas
familias tacoronteras con gran historial. Según relata Eduardo Navarro en su
magnífica obra "El turrón canario", destacan también la familia Rosa,
que surge por Francisco Rosa Rodríguez, nacido en el municipio en la penúltima
década del XIX. Desde el segundo decenio del XX, se dedica con su mujer, Josefa
Acosta, a una pequeña empresa del turrón que luego retoman sus hijos: Ramona,
Josefa, Ismael, Américo y Emilio. Josefa y Emilio sobresalen en la continuación
de la tradición. En los años 30, y de la mano de Josefa, aparecen los llamados
Turrones Santa Rosa, que se registran oficialmente entre las industrias de
marcas en los años 40 y que siguen hasta la actualidad, por lo que serán objeto
también del homenaje del Cabildo.
Los hijos de Josefa siguen la costumbre, pero
especialmente María Celia, que se hace con la empresa en los años 50 del siglo
XX. Aunque tiene cuatro hijos (Silvia María, José Francisco, Rosa María y Pablo
Javier), es este último el que le da continuidad a la saga como profesional,
camino que seguirá su hijo David.
Emilio Rosa crea los turrones Santa Catalina, que
luego pasarían a llamarse Turrones E. Rosa. Emilio no tuvo descendencia pero
enseñó a su sobrino Silvestre, que acabó casándose con su prima María Celia,
con lo que los turrones acaban llamándose Turrones Santa Rosa, de gran
prestigio y calidad, tanta que, según relata Navarro, el hijo menor de
Silvestre, Pablo Javier, grabó en vídeo la elaboración artesanal de las barras
de turrón para demostrar a los incrédulos que todo se hacía aquí.
Santa Rosa, empresa ubicada en el número 22 de Agua
García, sigue siendo una marca referente, con múltiples premios y con una de
las mesas mostrador más grandes del subsector.
De entre el resto de familias, cabe destacar a los
Reyes y los Pérez, que también extendieron esta costumbre entre sus integrantes
y que llevaron el turrón por múltiples sitios. Otro tanto hicieron fabricantes
y vendedores locales como María y Santiago, también de El Cantillo.
Según relata Navarro, la tradición tacorontera hizo
que, en 1993, se promoviese una asociación de turroneros con el fin de mejorar
la calidad del producto, su presentación, la formación de los artesanos y el
equipamiento industrial. Se buscaba avanzar en las garantías sanitarias en la
producción, comercialización y consumo, así como en la compra de productos de
forma conjunta y en la búsqueda de una denominación de origen.
Sin embargo, la falta de consenso hizo fracasar el
proyecto. No obstante, algunos de estos objetivos se han ido consiguiendo, tal
y como prueba y premia ahora el Cabildo con la declaración BIC a una tradición
que, seguro, permanecerá en el tiempo y en el paladar de los canarios.
http://efemeridestenerife.blogspot.com.es/2014/12/tacoronte-cuna-del-turron-artesanal.html
(Copio a continuación la publicación de D. Bruno Juan Alvarez Abreu, martes, 9 de diciembre de 2014, en el blog que se cita)
TACORONTE, CUNA DEL TURRÓN ARTESANAL

Reorganizando archivos de mi ordenador que se me extraviaron por un fallo fortuito sin querer, me encuentro un interesante artículo que me envió en su momento el amigo y convecino de Tacoronte Nicolás Pérez García. Se trata de un documento histórico sobre TACORONTE, CUNA DEL TURRÓN ARTESANAL:
“…EL paso del tiempo nos concede la oportunidad de ver las cosas de diferente manera cuando analizamos un acontecer que ya forma parte de la historia, aunque de paso lamentemos que sólo queden algunos vestigios de un pasado que nos gustaría conocer con toda amplitud. No cabe otra cosa que conformamos con escasas secuencias de una época que está fuera de nuestra órbita temporal, de lo que sin duda fue raíz, origen y verdad esencial de un oficio costumbrista y peculiar, de un medio de vida cotidiano para algunos de nuestros antecesores. Más adelante, casi en lo contemporáneo, los hechos hablan de continuidad.
Ocurre con el turrón artesanal, un producto muy nuestro y de tanto arraigo en las fiestas populares de nuestra geografía insular, precisamente en este pueblo de Tacoronte, cuyo origen puede remontarse a la época de la Ilustración, tiempos del monarca Carlos III a finales del siglo XVIII, pero en este caso la referencia alude a conjeturas e hipótesis por carencia de 5ase documental...
Sin embargo, sí aparece en las actas municipales la presencia del turrón tacorontero en la fiesta del Cristo de los Dolores del año 1824, cuando en la sesión corporativa de septiembre el Ayuntamiento publica un bando sobre los derechos que deben satisfacer los puestos públicos, tales como ventorrillos de caña y de sábanas, cajas de turrón l' coderas, y otros. Es la primera prueba inequívoca de que ya el turrón se fabricaba en Tacoronte antes de aquella fecha. Y es también en el siglo XIX cuando la familia Rosa-Acosta se alza con el protagonismo del turrón transmitiendo su saber a varias generaciones de descendientes que por trabadas líneas genealógicas han llegado a nuestros días.
Algunos opinan que en la isla de Tenerife el turrón artesanal es originario de Tacoronte, lo que puede ser cierto y no criterio gratuito o de alabanza para el pueblo, aunque dicha tesis no puede ser sustentada por falta de dato fehaciente. Pero sí es evidente que hoy día, en el ámbito insular, Tacoronte es cuna del turrón artesanal, donde todavía permanecen las reminiscencias de su génesis en varias familias que dan testimonio de su tradición y presencia.
En todo el siglo XX el turrón se consolida como un producto genuino salido de manos artesanas, que lleva el nombre de la ciudad de Tacoronte por todos los pueblos de la Isla, y no solo eso, sino la exquisita calidad que varias familias turroneras imprimen a estas regalías de miel de abeja, azúcar y almendra, principales ingredientes redondeados con un toque de canela, limón, matalauva (anís), etc., a más del secreto del punto en su elaboración.
Cuando traemos a colación las fiestas del Cristo de 1824, en las que aparece nombrado el turrón por primera vez, de ese tiempo son contemporáneos Antonio Rosa Rodríguez y su esposa Juana Rodríguez Reyes, y Adrián Pedro Acosta de la Paz y su esposa Simona Brito Cáceres, los cuatro abuelos de Emilio Rosa Acosta y bisabuelos de doña María Celia Hernández Rosa, viuda de su primo Silvestre Rosa Viera, ambos herederos de aquella saga de artesanos. En el tránsito del tiempo emerge la figura de don Emilio Rosa Acosta, verdadero artífice del impulso que tuvo el turrón en Tacoronte en la primera mitad del siglo, XX a través de su espíritu emprendedor. El fue el importante valedor, y también sus hermanos en menor medida. Pero fueron sus sobrinos Silvestre, Armando y Gualberto (Guadalberto Julián) Rosa Viera, los que en edad temprana y durante años aprendieron a su lado la esencia de sus enseñanzas para ponerlas en práctica en el futuro, y con mucho éxito.
La repostería turronera y festiva de Emilio Rosa y de sus padres-y abuelos ha pervivido hasta hoy gracias a la entrega y continuidad de sus sobrinos, especialmente Silvestre y María Celia, unidos en matrimonio, obteniendo una vitola de calidad inmejorable y una repercusión popular extendida por todas las fiestas de la Isla. En los eventos populares la presencia del turrón "Santa Rosa"-es obligada y esperada, y por demás afamada por el exquisito manjar que encierran las envolturas de la marca. Turrón de azúcar en formato típico y redondo, de almendra, yema y chocolate; piña de almendra, coco o maní; almendras garrapiñadas, etc. Toda una teoría elaborada con gusto exquisito y excelente presentación.
En la historia del turrón de Tacoronte existe un referente indiscutible, don Emilio Rosa Acosta, todo un personaje en diversas actividades, especialmente en el fomento y promoción del turrón artesano de Tacoronte. Fue un defensor nato de la calidad y marca de un manjar que salía de su industria, un producto que con el tiempo sería una seña de identidad de esta tierra de vinos, una más de las tantas que posee la exuberante huerta de este pueblo norteño. .
Emilio Rosa nació en 1881 y en sus años de juventud conoció el impulso del pueblo a comienzos del siglo XX, donde el Hotel Camacho y el tranvía fueron elementos que propiciaron un desarrollo pujante, solamente coartado por los años precarios de la primera guerra mundial (1914-1919). Las siete expediciones diarias de aquel carruaje eléctrico abrieron caminos nuevos para los lugareños, al tiempo que muchos foráneos frecuentaban la ciudad. Era Tacoronte una de las mejores estaciones de veraneo de Tenerife.
A la edad de 36 años, Emilio Rosa figuraba propietario de una finca, casa y huerta de casi una fanegada de extensión en la calle del Durazno (El Marañón), la cual vendió diez años más tarde a los ascendientes de la familia Morales Clavijo. Es de suponer que con el producto de la venta compraría otra propiedad, en un lugar más céntrico (La Estación), donde continuó su actividad turronera y desarrolló otras facetas comerciales.
En la década de 1920 los medios de comunicación de la época recogían con frecuencia la imaginativa publicidad de Emilio Rosa en torno al turrón marca Santa Catalina, tildándose él mismo como "Emperador" y “FORD” de los turrones de Tacoronte en su establecimiento, al que puso de nombre Puerta del Sol. Allí montó un restaurante y pronto después el pequeño Hotel Rosa que inauguró el 21-5-1931, incluyendo un pequeño mercado y salón de fiesta para meriendas y verbenas bailables. Muchos de sus anuncios iban orientados hacia la colonia veraniega que venía a Tacoronte. Se diría que le estaba haciendo la competencia al Hotel Camacho, muy próximo a su local.
En la década de 1930 consta que regentaba el Cine Metropolitano, el único que existía entonces junto a la parcela propiedad del Ayuntamiento destinada a plaza pública. Respecto a dicho solar hizo lo indecible por adquirido para construir un edificio y ampliar su negocio, sin obtener resultado dado el fin comunal del mismo. De todas formas llegó a tener un complejo' negocio de lo más variado: turrón, hotel, dulcería, café, restaurante, cine, viviendas en arriendo...
A principio de los años cuarenta Emilio Rosa es uno de los mayores contribuyentes del municipio por el concepto de urbana. Su padre, Francisco Rosa Rodríguez, había sido concejal de la corporación nombrada por el gobernador civil cuando se instauró el Directorio Militar Nacional por Primo de Rivera, en 1923, junto al alcalde Antonio Dorta Martín. Emilio Rosa también entró de concejal en 1949 por el tercio de entidades, siendo alcalde Tomás Sánchez Pérez, y también fue edil con el alcalde Graciano Álvarez Dorta desde 1956 a 1958, cesando en la renovación trienal.
Emilio Rosa falleció el 13-6-1959. Había casado con Adelina Ramallo Martín, de la que no tuvo descendencia. Fue un ejemplo a imitar por sus allegados y parientes, los que, en conjunto aunque independientes, formaron un importante emporio turronero en una zona específica de Tacoronte: El Cantillo, Waque, callejón de Pedro Felipe, calle Adelanto. Pocos años después de su muerte, en su local se instaló la sucursal del Banco de Bilbao, primera entidad financiera en el pueblo.
Una nota característica, común en todas las turroneras de Tacoronte, es el esmero con que elaboran sus productos. Y se habla de turroneras, en femenino, porque suelen ser ellas mayormente las claras dominantes en esta maestría artesanal de nuestros días. Uno de los secretos de la calidad es la utilización de almendra del país, mucho miel sabrosa que la que viene de fuera. Es de suponer que ciertos secretos no se desvelan.
También hay que mencionar a otras familias de Tacoronte que se han dedicado en el próximo pasado a esta actividad artesanal, además, de las que hoy siguen con arraigo, entre ellas la de Maribel López Díaz, que regenta. Su propia fábrica, conservando la herencia de sus padres, Lázaro López Guanche y Carmen Díaz López, y posiblemente desde sus abuelos. Maribel y sus hijas-sigue predominando lo femenino- han superado etapas anteriores y ocupan un puesto relevante en la artesanía y comercialización del turrón tacorontero hecho a leña, incluso se han preocupado de desarrollar por colegios e institutos de la Isla un interesante programa de difusión del turrón, con el bien de que la tradición siga calando y que se aprecie un producto del país que cuenta con las mejores bendiciones de calidad Y acabado. Pero tenemos que hablar de otras mujeres que con asiduidad se las ve en todas las fiestas detrás de un peculiar mostrador cuajado de exquisiteces, y que llevan en su historia personal todo lo bueno que aportan la miel y la almendra. De esas mujeres, las hermanas Olivia y Ofelia Frías Pérez, cada una por su cuenta, que el conocieron el turrón desde sus padres, más concreto a partir de sU tía madre, Carmen Pérez Pérez. Y también recordamos a Rosario Ramos López, que por los años cuarenta del siglo XX elabora turrón por su cuenta, actividad que mantuvo pocos artesanos que existen en tomo a este producto en la isla de Tenerife. Antes se hablaba de la caja de turrón, sIempre de color esmeralda, a la lumbre del viejo candil, farol o carburo, pero en el tiempo la semblanza ha cambiado. Cuando estamos en una fiesta, el puesto de turrón es la característica más llamativa por la forma en. Que se adorna y por el atractivo de su variedad.
Lo cierto es que los turrones se incorporaron desde hace siglos a nuestras fiestas, y ahí sigue todavía una tradición que merece ser potenciada y reconocida como un elemento distintivo de nuestra idiosincrasia. Se puede hablar de marcas más acreditadas que otras, ya sea por su historia, antigüedad o calidad, pero con firmeza y generalidad debemos hablar del turrón de Tacoronte, feudo donde se localizan los pocos artesanos que existen en torno a este producto en la isla de Tenerife.
Es el regalo que se lleva a casa o se degusta en la plaza. Vino y turrón, productos estrella de esta tierra tacorontera hermoseada de viñedos en su campiña exuberante y bella. Pero lo artesanal y lo tradicional llegan a tener un coste elevado debido a la competencia de otros artículos más económicos sin que importe tanto la calidad. Por otra parte, la evidencia histórica demuestra que las turroneras de Tacoronte lo han sido y son por sucesión familiar, sin que surjan nuevas tendencias. Es la cadena hereditaria la que lleva el peso de una tradición que hoy día requiere fomento y prestigio, no tan fácil de mantener en estos tiempos pero no imposible si se ponen los medios precisos. Una tradición casi exclusiva de este pueblo norteño no debe peligrar, y si podemos presumir de escuelas de música, danza, folclore, teatro, etc., ¿por qué no de otra escuela o taller que promueva la elaboración del turrón?
Hace unos años, desde 2005, el Ayuntamiento de Tacoronte, a propuesta de la concejal de Cultura, Ángeles Fuentes Dorta, inició los primeros contactos con el Cabildo Insular de Tenerife para declarar el turrón Bien de Interés Cultural en su categoría, con el fin de proteger un producto tan característico de la repostería canaria, lo que sería el reconocimiento público a una actividad tradicional que al depender de unas cuantas familias de Tacoronte pudiera entrar en peligro de extinción, y al mismo tiempo un estímulo para que estas familias sigan adelante con una actividad peculiar de tanto arraigo en nuestros eventos. El Ayuntamiento de Tacoronte tramitó la solicitud pertinente y hace pocas fechas el Cabildo acordó incoar la declaración de BIC y procedente notificación al Gobierno de Canarias para su resolución definitiva,.. (BOC núm. 223, 6-11-2008).
Peregrinar de fiesta en fiesta, de pueblo en pueblo, sigue siendo todo. Un .reto para estas pocas familias de Tacoronte que sacan de su duro oficio el sacrificio más dulce. Ya se sabe, el futuro siempre es incierto y todo depende de cómo se cuide el presente...”
...ooOoo...
No hay comentarios:
Publicar un comentario