Artículo aparecido en el periódico "El Día" el domingo 29 de marzo de 1998. (página 95).
Chimiche se distingue claramente en el panorama popular al rescatar este baile que data de hace 200 años.La Danza de Varas, una joya de la tradición.La escenificación se ha transmitido de padres a hijos y su valor histórico es incalculable.
SANTA CRUZ DE TENERIFE (REDACCION). En el Sur de Tenerife,
concretamente en Chimiche, existe una interesante manifestación, en el apartado
referido a danzas y bailes populares, que se ha mantenido en su estado mas puro
a lo largo de la historia. La citada manifestación folclórica es la Danza de
Varas de Chimiche, única expresión de estas características que hay en el
Archipiélago en la que se utilizan las varas engalanadas.
Esta danza debió ser introducida en la zona por alguna familia
de colonos hace cerca de un bicentenario. Para los etnólogos y folcloristas
procede de Cataluña, y fue traída a Las Vegas por la familia Guimerá; para
otros, este baile puede tener sus orígenes en Villafranca (Burgos), por su
parecido con la que allí se representa, al son del tambor y la dulzaina; aunque
la Danza de Varas de Chimiche muestra grandes y marcadas variaciones respecto a
las anteriormente citadas.
La Danza de Varas de Chimiche suele tener como fondo musical la
melodía procedente de instrumentos de cuerda, al ritmo del repiqueteo de las
chácaras de ébano y roble que hacen sonar los dos últimos bailadores.
Melodía suave y monótona
En lo que se refiere a la música que sirve de fondo a la Danza
de Varas, se trata de una melodía suave, continua y monótona. La sintonía guarda
cierta similitud con el son del vals.
La actual Danza de Varas de Chimiche es originaria de la danza
de Las Vegas, pero cuando la agricultura de subsistencia optó por las zonas más
bajas y algo más cálidas, obligó a los antiguos habitantes de Las Vegas a
trasladarse y asentarse en el lugar conocido actualmente como pueblo de Chimiche
(más cerca de la costa que Las Vegas).
En este traslado bajaron con las gentes sus costumbres y
tradiciones y con ellas la Danza de Varas de Chimiche, cuéntase que a los
chimicheros se las transmitió el señor Héctor, que les enseñó música y bailes,
añadiéndoles ligeras diferencias con las de Las Vegas. Las cuales pasan
desapercibidas frente a los ojos de los no iniciados en el folclore.
Esta danza se ha ido transmitiendo de padres a hijos, y de
generación en generación, hasta llegar a mediados de los años 80, donde se
perdió, por la avanzada edad de sus componentes y la falta de interés que
despertaba en la juventud de aquella época, recuperándose tras ocho años por el
actual grupo de jóvenes que hoy en día la forman (Asociación Juvenil Mencey
Acaymo) y ayudados por los últimos bailadores y guiadores como fueron José
Gómez, Domingo Reyes, Eliseo Brito, Julio Campos, Demetrio Gómez y Juan Antonio
Casanova, estos dos últimos bailadores de la danza de Las Vegas.
Los bailadores de la Danza de Varas de Chimiche son siete, tres
parejas y un guiador. Los hombres visten pantalón de vichy naranja, una banda
cruzada al pecho verde y fajín fucsia. El guiador porta en sus manos dos varas,
hechas de varas de palmera canaria y engalanadas todas ellas con papeles de seda
de gran colorido. Estas conectan con la primera pareja, llamados "de la mano",
que llevan pantalón azul celeste y banda cruzada en amarillo con fajín rojo.
Estos a su vez enlazan con sus respectivas varas con la segunda pareja, llamados
"los del medio", que van ataviados con pantalón rojo, banda verde y fajín azul
celeste. Finalmente, la última pareja, "los chacareros" también unidos a los del
medio con varas y que además portan, como su propio nombre indica, las chácaras
que dan el ritmo antes mencionado y que lucen pantalón verde, faja naranja, y
banda roja.
Todos usan el pantalón bombacho hasta la rodilla, camisa
blanca, zapatos de vestir, medias al muslo en marrón·y sombrero de papel de seda
del color que respectivamente lleva el pantalón. En la actualidad, los gorros
son realizados a mano, como era tradicional, al igual que las varas, siendo esta
(elaboración de los gorros) una minuciosa y ardua tarea realizada por doña María
del Carmen Gómez, doña María del Carmen González y doña Candelaria Díaz. Los
gorros no duran sino una o dos actuaciones, ya que el sudor de las curtidas y
morenas frentes de los bailadores hace mella en ellos.
La ropa es elaborada íntegramente a mano por una gran experta
en la confección de la misma, y que no es otra que doña Edilia Rodríguez.
Las varas de palma como anteriormente se mencionaron están
profusamente elaboradas con cintas de papel de seda plisado y multicolor
adheridos entre sí, utilizando una «papa guisada», a modo de pegamento, como era
y es tradici0n.
A lo largo del desarrollo del baile que transcurre por las
calles de Chimiche, en las fiestas de Nuestra Señora del Carmen (16 de julio), y
Nuestra Señora del Pilar (12 de octubre), los bailadores realizan elegantes,
armoniosos y mágicos movimientos, junto con figuras variadas como suelen hacer
con «la estrella», «el zig-zag o paso del arco», y «el salto de la vara». Todo
esto siempre al ritmo monótono y armonioso de los chacareros y tocadores.
El grupo de tocadores está integrado por Inés Díaz, Elsa
García, María José Alvarez, Jacinto Delgado, Enrique Hernández, Claudio Díaz,
Suso García, Moisés García y Fernando Valdivia.
Los actuales bailadores son Héctor Guillén (guiador), Luis
Cano, Idafe Díaz y Goyo Pélez (de la mano), César García, Raúl Guillén y Memel
Pérez (del medio), y por último José Miguel Oramas, Tito González, y Roger
Guillén (chacareros).
El cuerpo de baile suele ser asistido durante las actuaciones
por Chus Guillen y Juan Manuel Alonso, que portan la tradicional bota, con el
vino chimichero, para saciar la sed y el calor que provoca el sol sureño.
Este loable proyecto se ha hecho posible gracias a las
aportaciones particulares de los propios danzadores, y de una subvención del
Cabildo Insular de Tenerife.
Por otra parte, el grupo solicitó en 1996 una ayuda del
Ayuntamiento de Granadilla, pero aún no disponen de ella.·
Esta fotografía apareció en el periódico "El Día", el domingo 7 de noviembre de 1999 (pag. 112), ilustrando un artículo sobre la Danza de Varas de Chimiche, prácticamente con el mismo texto que el anteriormente reproducido.
Artículo aparecido en el periódico "El Día" el domingo 22 de julio de 2001. (página 38).
TRADICIÓN Cada 26 de julio se celebra en el caserío de Las Vegas la «Danza de Varas» en la procesión de Santa AnaVolver a Las Vegas
ADEJE (REDACCIÓN). A mediados del siglo XIX, una rama de
la familia Guimerá se asienta en Granadilla, concretamente en Las Vegas.
Procedentes de El Vendrell, en Tarragona, se configuran como propietarios de una
parte importante de lo que hoy es dicho municipio, donde, entre otras cosas,
cultivaron tabaco.
A su asentamiento en este lugar se atribuye el inicio de la
tradición de la Danza de varas de Las Vegas, que se baila cada 26 de julio en la
procesión en honor a Santa Ana. Últimamente se ha configurado como el culmen de
una fiesta de verano que sirve de punto de encuentro de familias, generaciones y
vecinos que desde hace varias décadas están dispersos por la geografía
insular.
Supuestamente los antecedentes de la danza están en un baile
que se desarrollaba antes de construir los castillos humanos del Noreste de la
Península, fundamentalmente en Cataluña, y que hoy en día sólo se puede apreciar
en pocos lugares, según nos han dicho personas vinculadas con este ritual.
Quienes sostienen esta hipótesis aluden a una fotografía
antigua hecha en Cataluña, donde se aprecia que hay un grupo de danzarines con
una vestimenta muy parecida a la que utilizan en el caserío de Granadilla.
Además, otra coincidencia es que los bailadores catalanes también portan varas
decoradas de forma similar a las que aún se usan en Las Vegas.
Aunque parece que la danza siempre estuvo relacionada con la
procesión, la misma no siempre se desarrolló como homenaje a Santa Ana. De
hecho, la primera imagen que existió en Las Vegas fue la de la Nuestra Señora de
La Esperanza. Sin embargo, como la festividad a esta imagen es el 18 de
diciembre, se decidió que lo ideal era celebrar la fiesta a finales de
julio.
Las razones de este cambio son que a finales de año todavía era
una época de trabajo muy duro para los campesinos y que suele hacer mucho frío
en las medianías del Sur, lo que no invita a la celebración de fiestas.
Así lo explica Demetrio Gómez Hernández, que es uno de los
siete danzarines de Las Vegas, como también lo fueron en otras épocas su padre,
su abuelo y su bisabuelo. Demetrio desarrolla la labor de «guío» o «guiador» y a
él le corresponde dirigir la danza a lo largo de todo el recorrido y efectuar
las figuras adecuadas en cada momento, en función del espacio que haya. Su
vestimenta se caracteriza por llevar una camisa blanca, con dos bandas cruzadas
de color rojo y azul, pantalón rojo que llega justo por debajo de la rodilla,
así como un gorro rojo. Antes, el ser «guío» también otorgaba un poder
importante en la toma de decisiones del colectivo, aunque este aspecto se ha
perdido.
Los restantes se dividen en tres pares, con funciones y
colorido del vestuario diferente. El primero de ellos se denomina «manos» y
lleva pantalón y gorro amarillo, así como una banda azul sobre la camisa blanca,
que es común a todos los danzarines, al igual que la escarapela en el gorro.
«Chacareros»
Después, viene el par del «centro», que se caracteriza por
llevar pantalón y gorro rosado, además de una banda verde. Sirven de enlace con
el par de «chacareros», llamados así por ser quienes en ambas manos portan las
«castañuelas» con las que se marca el ritmo de la danza y cuya labor resulta
fundamental. Las varas están atadas a sus muñecas. Su vestuario se caracteriza
por tener el pantalón y el gorro verde, mientras que la banda es roja o malva.
Las castañuelas casi siempre están hechas a mano y son un poco más grandes de lo
normal.
Uno de los rasgos peculiares de la danza es que los danzarines
van unidos y no sueltan las seis varas en todo el recorrido. Están formadas por
un palo central de palma, que es adornado con papel de fiesta de varios colores.
Antiguamente también se le colocaban campanillas, sin embargo este elemento ha
desaparecido en la actualidad, porque su sonido podía confundirse con el de las
castañuelas y afectar al ritmo de la danza, según Demetrio Gómez.
Los danzarines están acompañados por una parranda, integrada
por dos laúdes, sendas bandurrias, cuatro guitarras, un violín y un timple. En
este apartado es donde se aprecian más cambios a lo largo del tiempo. Hacia
mediados del pasado siglo, entre los instrumentos de acompañamiento también se
hallaba un violín, que, tras perderse varias décadas, ha vuelto a recuperarse.
En una fotografía de los años sesenta del siglo pasado se aprecia que la
parranda estaba formada sólo por una guitarra y un laúd.
Las varas están realizadas con madera de palmera o de palma,
porque es muy flexible y facilita la realización de figuras. Las mujeres de los
danzarines o de los miembros de la comisión de fiestas pueden estar preparando
dichas varas desde un mes antes
El momento más emocionante
La
etnomusicóloga Carmen Nieves Luis opina que se trata de una de las danzas más
representativas de la Isla y, en particular, de la zona Sur de Tenerife;
mientras que el folklorista Juan López afirma en «Gran Enciclopedia Canaria»
(Ediciones Canarias, 1997) que ésta, junto con la de San Luis, de Charco del
Pino, constituyen «danzas rituales absolutamente únicas en Canarias por sus
caracteres diferenciadores».Para muchas personas el momento más emocionante tiene lugar con «la venia», cuando, tras la misa, los danzarines entran en la ermita y se arrodillan ante la imagen de Santa Ana en medio del silencio. Este ritual (en la foto) tiene tanta importancia para la gente de Las Vegas, que no dejó de celebrarse ni tan siquiera mientras duró la Guerra Civil. Demetrio Gómez recuerda que hace alrededor de 18 años dejó de bailarse una vez, por las discrepancias surgidas entre las personas que antes integraban el cuerpo de la danza. A pesar de ello, ha llegado a convertirse en símbolo de encuentro para los familiares y vecinos que hace dos o tres décadas tuvieron que marcharse de Las Vegas a buscar su porvenir en otros pueblos o a la capital de la Isla. Hasta la década de los años 50 este pueblo contaba con una población significativa, que posteriormente emigró, quedándose el núcleo con muy pocos vecinos. El 26 de julio las gentes del caserío que hoy viven en Granadilla, San Isidro, Chimiche o Santa Cruz de Tenerife acuden a Las Vegas, independientemente de si se trata de un fin de semana o de un día laboral. Lo importante es estar allí



No hay comentarios:
Publicar un comentario