lunes, 24 de junio de 2013

LA DANZA DEL DIABLO

 

 

Tijarafe, La Palma
Conocimiento y actividad tradicional declarado Bien de Interés Cultural con la categoría de ámbito local
Extraído del BOC Nº 105. Viernes 25 de Mayo de 2007
 
Los orígenes más remotos del Diablo, según investigaciones de José Luis García Francisco, datan de la primera década del siglo XX. En 1909 llegó a Tijarafe un madrileño que fija su residencia en el barrio de Aguatavar. Su acentuada imagen captaba la atención de los más pequeños y su descripción, ochenta años más tarde, era la de "un hombre callado con aspecto marinero y cabellos rojizos". Este hombre misterioso mezclaba su soledad con su colaboración en las actividades festivas que se celebraban y demostraba una especial aptitud e inteligencia en la animación. Los más pequeños acudían ilusionados para ver sus títeres, cosa poco frecuente en aquellos tiempos o los machangos que preparaba, como Cataclismo, que asustaba a la vez, que divertía. Consistía este número festivo en un enorme machango de más de tres metros de alto vestido con telas negras y unas enormes manos, en cuyo interior estaba su creador y que salía bailando a la plaza del pueblo. Acompañaban a Cataclismo varios gigantes y cabezudos que, casi un siglo después, siguen participando en la Fiesta del Diablo. A partir de 1923, tres tijaraferos, Antonio Cruz, Pedro Brito y Orocio Martín, crean el diablo que, con algunos cambios, continúa en nuestros días. El motivo era la celebración de una fiesta de la juventud en la que participaban muchachos de todo el pueblo, y que tuvo lugar el día 7 de septiembre, víspera de la fiesta en honor a Nuestra Señora de Candelaria. El armazón era de madera y cañas forradas con tela de saco y sujeto por arcos. Luego, lo recubrían con una lechada de cal para protegerlo del fuego.
 
En 1930, Pedro Brito crea un nuevo machango llamado Sinforiano, que a diferencia de sus predecesores era estático, a modo de una figura humana sobre un barril. Dentro del bidón se metía la persona encargada de manejarlo, que accionaba las manos de Sinforiano a través de unos hilos en polea, y en la que sus dedos eran voladores que subían hasta la boca en la que una bengala encendía los voladores que tenía en cada dedo para concluir con una descarga de fuegos artificiales que llevaba en la cabeza.
 
Después de Sinforiano, y tras el período de paro a causa de la Guerra Civil española, aparece de nuevo la figura metálica del diablo. Distintas personas colaboran en su elaboración, manteniendo la tradición hasta nuestros días. A partir de 1978, tras más de 20 años de preparación por los colaboradores del pueblo, el minado y la colocación de los fuegos de artificio del Diablo se encarga a pirotécnicos profesionales.
 
Actualmente, la vieja carcasa metálica ha sido sustituida por otra más ligera de fibra de vidrio, manteniendo, eso sí, la fisonomía tradicional del machango. También se ha avanzado mucho en el aspecto de la seguridad, especialmente para el que lo "corre". Desde el año 2003 se ha ensayado el uso de una pequeña botella de oxígeno que asegura un suministro constante de aire libre de humo. Asimismo la utilización de un traje ignífugo y de un casco sirve de prevención de posibles accidentes y vienen a completar los elementos de seguridad pasiva.
 
Tal y como recoge María Victoria Hernández Pérez en su libro "La Isla de La Palma. Las Fiestas y Tradiciones" vestir al Diablo es un rito. El vestido del diablo comienza con un ajustado pantalón de amianto, calcetines y zapatillas negras que le ayudan a poner, un casco y sobre su torso desnudo, una toalla empapada en agua. Encima de todo, la pesada carcasa que la convierte en la representación de Satán.
 
Tras varias horas de verbena, la Plaza de Candelaria, que luce sus mejores galas con banderitas de papel, bulle de excitación cada siete de septiembre, víspera del día de Candelaria. Gigantes y cabezudos marcan la cuenta atrás definitiva con su salida a escena. La emoción se desborda y parece que el momento no llega nunca. Durante esos largos minutos de espera nadie, salvo la organización, sabe por donde va a salir el Diablo. De pronto, dos enormes y llamativos ojos rojos se alzan desafiantes sobre la marea de cabezas que se mece al compás de la música. Primero la horqueta, luego el rabo y poco a poco se van quemando las distintas partes del diablo. Durante unos veinte minutos, más de quinientos cohetes salen disparados de la carcasa. Finalmente, y una vez situado el diablo en el centro de la plaza, explota la cabeza en el punto culminante de su intensa aparición. Después del último bramido, el diablo queda desarmado y huye, corre y se refugia hasta el próximo año. El bien ha vencido al mal. Horas después, la Virgen de Candelaria recorrerá las calles de Tijarafe y pasará por la plaza donde bailó el diablo la noche anterior.
 
El éxito del Baile del Diablo hay que buscarlo en el contexto cultural, más concretamente en su singularidad dentro del acervo de las fiestas populares canarias, ya de por sí de tradición rica y variopinta. Así, desde la propia Comisión de Fiestas se concibe este evento como uno de los más significativos dentro del programa de actos de las Fiestas en Honor a Nuestra Señora de Candelaria, dada la gran admiración, el cariño que despierta en los tijaraferos, señalando María Victoria Hernández que se ha convertido, por derecho propio, en una de las fiestas más conocidas y de más participación popular de la isla.
 
Frente a la personalidad descollante del Diablo se corría el riesgo de perder de vista el centro y fin último de toda la celebración: honrar a María de Candelaria. Había que recuperar las fiestas patronales para su patrona, al final tenía que vencer la luz sobre las tinieblas y cumplir la palabra escrita en el libro del Apocalipsis: la lucha de la Mujer contra la Bestia, de María contra Satanás y la victoria de la Virgen sobre el Mal.


Extraido de la web http://www.tijarafe.es/
El Diablo no fue, en principio, más que uno de tantos ingenios y artilugios fabricados en Tijarafe para amenizar los actos festivos. La costumbre de los machangos floreció, con particular virulencia imaginativa, en el primer tercio del siglo XX, abonada, sin duda, por la fértil imaginación tijarafera.

El primer hito contrastado se situa en Cataclismo. En 1909 se instaló en Aguatavar un curioso peninsular que, por su aspecto, fue pronto rebautizado como Barbarroja. Este personaje tenía una especial habilidad para crear machangos que animaran las fiestas y divirtieran a los niños. En 1910 da vida a Cataclismo, un ingenio de tres metros de alto, vestido de negro y con unas manos enormes, pero sin fuego alguno. Su creador lo bailaba desde el interior. Lo acompañaban en su paseo por la plaza gigantes y cabezudos como los que Barbarroja vio, a buen seguro, en la Península si no en su pueblo natal.

Aunque Cataclismo desapareció tras cinco años en escena, su importancia puede ser decisiva por haber prendido la mecha de la constucción local de machangos y diversos ingenios mecánicos. A partir de ahora aparecerán algunos como aquel que pegaba una bofetada cuando algún incauto se acercaba a verlo. Durante la República, para un carnaval, se hizo una representación de la guerra entre franceses y alemanes (la primera guerra mundial), para lo que construyeron un avión y un barco enormes que paseaban por la actual calle General Franco mediante sogas y poleas y se disparaban mutuamente.
 
Los tres mayordomos de la fiesta de Cruz (tres de mayo) de 1923, Pedro Brito, Antonio Cruz y el quinceañero Orosio Martín, se reunieron en una cueva. Con cañas y sacos endurecidos con sucesivas lechadas de cal hicieron un armazón adornado con papeles de colores, una vistosa corbata, un cigarro, etc. Antes de su puesta en escena lo minaron con voladores sin rabo, conectados con mechas de barrenos y lo pintaron de negro con hollín. Dentro del armazón se situaba la persona encargada de bailarlo entre los espectadores mientras iban quemando las cargas adosadas al cuerpo, el belgo y los cuernos, que durante muchos años no fueron más que dos bengalas. La cabeza, una simple lata de caramelos reconvertida en artefacto pirotécnico, contenía la sorpresa final: un puñado de voladores sin rabo que se abatían y explotaban sobre los pies de los espectadores.
 
Peligroso espectáculo, en efecto, pero exitoso, tanto que ha llegado hasta la actualidad, venciendo algunas breves desapariciones.

El primer Diablo salió tres años y desapareció brevemente hasta los inicios de laCon ello, Sinforiano se llevaba las manos a la boca, donde una bengala encendida hacía las veces de puro. Los dedos de las manos no eran sino voladores que iban explotando al contacto con la bengala. Finalmente explotaba la cabeza, llevándose consigo medio machango. Desde entonces sólo unos pocos hechos infaustos han sido capaces de cancelar la fiesta o moverla de fecha.
 
II República, época en la que comenzó a comparecer la noche del siete de septiembre, víspera de las fiestas patronales de septiembre. En ese paréntesis de unos cinco o seis años, apareció Sinforiano (1930-1935), hecho con un bidón de cemento dentro del cual se situaba la persona encargada de accionar un ingenioso sistema de poleas.
 
Hasta 1978 de la preparación y baile de los gigantes, cabezudos y El Diablo se encargaban los vecinos del municipio organizados en una comisión de fiestas. A propósito de gigantes y cabezudos, se hacían ex profeso cada año con cañas, telas, etc. Los cabezudos eran simples globos informes con ojos, boca y (algunos) sombrero. Había años en que, por falta de tiempo o ganas, no se hacían los dos gigantes y salía la giganta sola como compañera del Diablo.

En 1978 el Ayuntamiento de Tijarafe asume la dirección del evento. Se hace una carcasa de metal, que pesaba en vacío 40 Kg, y se encarga a una pirotecnia de Santa Cruz de La Palma la colocación de las cargas explosivas. El tránsito del volador sin rabo, la pólvora mezclada con limaduras de hierro y la mecha de barreno al fuego pirotécnico concedió mayor espectacularidad y relativa seguridad al festejo. No se puede negar que siempre existe notable peligro pero hasta el día de hoy incluso los accidentes de mayor gravedad se han resuelto satisfactoriamente.

Desde el año 1994 los hermanos Toste de Los Realejos se han venido encargando de la pirotecnia y el espectáculo ha ganado, sin duda, en vistosidad y seguridad gracias a su buen hacer y enorme experiencia en el campo de los fuegos de artificio. Con ello, y con la cada vez mayor cobertura mediática, el Diablo se está convirtiendo en un fenómeno masivo que, mientras por una parte debe adaptarse a esta afluencia de público, por la otra se niega a perder su espíritu original de irónica travesura. En este pulso está el presente y el futuro de la fiesta.
 
La preservación de los elementos inmateriales de nuestra cultura, como eventos festivos o códigos de comunicación, está contemplada en la Ley 4/1999 de 15 de marzo, de Patrimonio Histórico de Canarias. Para evitar que estos elementos pierdan su esencia por contaminarse con elementos extraños, se crea la figura Bien de Interés Cultural que protege y realza las manifestaciones de la cultura popular arraigadas o en peligro de extinción. El Gobierno de Canarias, por decreto 101/2007, de 15 de mayo, ha declarado la Danza del Diablo Bien de Interés Cultural.

La declaración como Bien de Interés Cultural supone no sólo el reconocimiento a lo que significa el Diablo dentro del acervo cultural y festivo de Canarias, sino que también invita a su conservación, difusión y disfrute garantizando la pureza de sus elementos constituyentes. Para colaborar con todo ello, este año se ha estrenado un logotipo identificativo que refleja el carácter festivo del Diablo.

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