viernes, 29 de diciembre de 2023

INDUMENTARIA: Los trajes de ciudad

La moda europea del siglo XVIII se caracteriza por un notorio afrancesamiento en la gran mayoría de las naciones, aunque mantienen algunas peculiaridades propias diferenciadoras de los países. Las clases sociales mas altas procuran no desviarse del patrón francés, ya que en eso consistía la máxima elegancia. En cambio las clases populares se apegarán mas que nunca a lo genuinamente local y propio.

Estas dos tendencias en la moda de la época, las reflejo perfectamente el Marqués de Lozoya, en el prologo de la obra de Max Von Boehn, “La Moda”, y dice así:

“La dualidad en la España del s. XVIII se refleja vivamente en la indumentaria. En tanto que las clases elevadas esperan con impaciencia el figurín de Francia, el pueblo se apega cada vez mas a sus trajes castizos”. Estas dos tendencias dentro del vestir también arraigan en Canarias. En los núcleos urbanos, las clases mas altas siguen indistintamente los gustos galos y populares; y las clases medias mostraran en su vestir las influencias del casticismo español.

George Glas (1.764:283) describe las indumentarias canarias tal que así:
“En Santa Cruz en la isla de Tenerife y en la ciudad de Las Palmas en Canaria, algunas señoras mas elegantes salen de paseo en sus coches vestidas a la moda francesa o de los ingleses, pero ninguna pasea por la calle sin velo........ Las mujeres mas jóvenes no llevan corsé, sino cortas y ajustadas chaquetillas, como las de la gente del pueblo, con una sola diferencia, que son de telas mas finas, y también llevan mantillas de paño escarlata o de fina franela blanca, guarnecidas en oro o plata”

En estos textos también se advierten claramente las dos tendencias en el vestir femenino.

A partir del siglo XIX, una tercera corriente influenciará en el vestir isleño, son las modas inglesas que empiezan a dominar en el atuendo y duraran hasta bien entrado el siglo XX.

Los hombres de las clases pudientes son los primeros en adoptar la moda inglesa en las dos capitales de Canarias, resultado del afincamiento británico en ambos puertos.

Las mujeres seguían apegadas a las modas francesas y españolas. Era costumbre muy extendida entre las mujeres más pudientes el vestir la basquiña y mantilla de blondas para asistir a la iglesia. Llego a ser tan común que tomo nombre propio, y cuando vestían así se decía que iban de “mantilla y basquiña” o de “saya y mantilla”.

Esta manera de vestir genuinamente española llamaba mucho la atención a los viajeros que visitaban las islas, y dejaron descripciones como estas: 


Las damas en traje de ciudad van tocadas con la graciosa mantilla de encajes y traje de seda en franjas o volantes” (Webb y Berthelot, 1839:35)

“Las señoras admiran la moda francesa, pero si se dieran cuenta solo lucirían su traje nacional, este consta de: una falda de seda negra -saya- y una mantilla blanca o negra de tul o encaje que les cae sobre la cara y los hombros”

( Francis Coleman MacGregor 1831:80).


viernes, 22 de diciembre de 2023

INDUMENTARIA POPULAR FEMENINA DE CANARIAS. Años 20-30 del siglo XX

Las Pasteleras de la laguna

Es el día de Nochebuena allá por 1930 y las calles de La Laguna están concurridas por vecinos y visitantes venidos de Santa Cruz y otros puntos de la Isla para hacer algunas compras. Aunque ya no son lo que eran, unas pocas vendedoras de pasteles de carne y dulces siguen recorriendo los rincones de la ciudad ofreciendo su mercancía.
 


De entre ellas doña Escolástica, la que mas veces ha deambulado por estas calles empedradas con su farol y su balayo con tapa, lleno de pasteles de carne recién horneados. Pasea con su figura delgada y esbelta, su pañuelo al cuello y su delantal, donde el bolsillo atesora las pocas “perras chicas” y escasas “perras gordas” que va reuniendo con sus ventas. Sus botas de botón que tanto mima porque que es su único calzado, viajan a buen recaudo para que no se estropeen aun mas en su periplo frio y navideño; ella, aunque descalza parece flotar entre los adoquines helados de esta Laguna invernal. 

Una letanía la acompaña y pregona : ....

” Pasteles, ayyyyy que Pasteles llevo, calentitos, recién salidos del horno ...... pastelessssssss “ .........

Este antiguo oficio que daba sus últimos coletazos, llenaba de olor y sabor la ciudad de Aguere, con sus célebres y famosos pasteles rellenos de carne o de cabello de ángel, que salían a millares de docenas de los hornos de la ciudad.

Los viejos del lugar comentaban viendo pasar a doña Escolástica, que recordaban cuando eran niños, la bella estampa que formaba el elevado número de vendedoras llegando a las calles del centro con sus balayos cargados de cientos de pasteles; y que algunas bajaban a Santa Cruz en “las jardineras”, y estas se llenaban de la algarabía y la felicidad de estas valientes mujeres que aun con su duro trabajo, siempre hacían una fiesta en este “carro económico” enganchado a los coches del tranvía  ..... 

” Pasteles, ayyyyy que Pasteles llevo, calentitos, recién salidos del horno.. pastelessssssss “  ......  

Se lamentaban al mismo tiempo, al comprobar que los famosos pasteles estaban pasando de moda, y que sobrevivían a duras penas luchando ante la invasión de los turrones que llegaban de la Península . Solo doña Escolástica, con su porte elegante aunque humilde, su sobretodo de lana a la cabeza y su sombrero de maga como único centro de gravedad para mantener su balayo a salvo de la humedad; seguía anunciado que llegaba La Navidad a la ciudad de los Adelantados.