Las Pasteleras de la laguna
Es el día de Nochebuena allá por 1930 y las calles de La Laguna están concurridas por vecinos y visitantes venidos de Santa Cruz y otros puntos de la Isla para hacer algunas compras. Aunque ya no son lo que eran, unas pocas vendedoras de pasteles de carne y dulces siguen recorriendo los rincones de la ciudad ofreciendo su mercancía.
De entre ellas doña Escolástica, la que mas veces ha deambulado por estas calles empedradas con su farol y su balayo con tapa, lleno de pasteles de carne recién horneados. Pasea con su figura delgada y esbelta, su pañuelo al cuello y su delantal, donde el bolsillo atesora las pocas “perras chicas” y escasas “perras gordas” que va reuniendo con sus ventas. Sus botas de botón que tanto mima porque que es su único calzado, viajan a buen recaudo para que no se estropeen aun mas en su periplo frio y navideño; ella, aunque descalza parece flotar entre los adoquines helados de esta Laguna invernal.
Una letanía la acompaña y pregona : ....
” Pasteles, ayyyyy que Pasteles llevo, calentitos, recién salidos del horno ...... pastelessssssss “ .........
Este antiguo oficio que daba sus últimos coletazos, llenaba de olor y sabor la ciudad de Aguere, con sus célebres y famosos pasteles rellenos de carne o de cabello de ángel, que salían a millares de docenas de los hornos de la ciudad.
Los viejos del lugar comentaban viendo pasar a doña Escolástica, que recordaban cuando eran niños, la bella estampa que formaba el elevado número de vendedoras llegando a las calles del centro con sus balayos cargados de cientos de pasteles; y que algunas bajaban a Santa Cruz en “las jardineras”, y estas se llenaban de la algarabía y la felicidad de estas valientes mujeres que aun con su duro trabajo, siempre hacían una fiesta en este “carro económico” enganchado a los coches del tranvía .....
” Pasteles, ayyyyy que Pasteles llevo, calentitos, recién salidos del horno.. pastelessssssss “ ......
Se lamentaban al mismo tiempo, al comprobar que los famosos pasteles estaban pasando de moda, y que sobrevivían a duras penas luchando ante la invasión de los turrones que llegaban de la Península . Solo doña Escolástica, con su porte elegante aunque humilde, su sobretodo de lana a la cabeza y su sombrero de maga como único centro de gravedad para mantener su balayo a salvo de la humedad; seguía anunciado que llegaba La Navidad a la ciudad de los Adelantados.